domingo, 27 de enero de 2008

Cita de control - 25 de enero

El viernes pasado, 25/01, tuve mi consulta de control con la Dra. Arbona. Para esta ocasión tenía que hacerme tomografías de tórax y de abdomen y pelvis. Me las hice el pasado miércoles 9, junto con Jorge que también tenía que hacerse la suya. Me dieron el resultado como a la semana, y los respectivos informes dicen: "TAC DE TÓRAX DE ASPECTO NORMAL", y "TAC ABDOMINO-PÉLVICO SIN EVIDENCIA DE RECIDIVA RELACIONABLE CON ENFERMEDAD PRIMARIA". También me había indicado una colonoscopia, que me hice el martes 22. Resultado: "Colon operado (ADC) sin lesión". Las imágenes que acompañan al informe muestran las paredes del colon de un rosado uniforme y lisitas, es decir, ¡sanitas! Tengo que esperar de todas maneras el resultado de la biopsia que se manda a hacer siempre.

Me encontró muy bien, y se mostró muy contenta con los resultados de los exámenes. Los valores en sangre estaban muy bien: las plaquetas, por ejemplo, llegaron esta vez a 207. ¡No tenía un valor como ese desde comienzos de septiembre!. El lunes me deben dar los resultados del antígeno carcinoembrionario y del antígeno prostático, y dentro de unos diez días más los del perfil lipídico, que ayudan a ver el estado de mi hígado después del tratamiento. Me indicó brindar con champaña por lo bien que me encontró (casi que me lo pone en un récipe). No lo hemos podido hacer todavía porque no hemos coincidido todos para brindar como debe ser. Tal vez esta noche.

Mi próxima consulta será el viernes 25 de abril, con ecosonograma y exámenes de laboratorio iguales a los de esta ocasión. En seis meses, de nuevo TAC y colonoscopia.

miércoles, 23 de enero de 2008

La Divina Pastora (2)

Mi sobrina Valeria me preguntaba en un comentario a la entrada anterior por lo que habíamos comido en tierras larenses.

El sábado, el día que llegamos, después de visitar el Parque Ayacucho, el Museo de Barquisimeto y la Plaza Bolívar, nos llegamos hasta el Restaurant Sucumbás, que habíamos visto recomendado en la Guía de Valentina Quintero. Es un sitio bien agradable, con un patio muy sombreado y un par de estanques donde hay unas tortuguitas y una baba. Allí Jorge pidió la tostada caroreña, Ónix y yo, lomo prensao, y Carmen, asado negro.

La tostada caroreña es un plato muy completo: la tostada es una arepa rellena con queso y frita después de rellenada, acompañada de tajadas de plátano frito, caraotas negras, "chicharrones", que no es la piel frita del cochino que se compra en el Junquito, sino pura carnita bien tostada, aguacate y queso blanco rallado. Jorge la disfrutó muchísimo.

El asado negro de Carmen estaba muy bueno también.

El lomo prensao es un plato también caroreño que Carmen y yo habíamos probado en el Club Torres de Carora, en febrero del año pasado cuando fuimos a visitar Bodegas Pomar. El lomo de cochino se trata con sal de nitro y se prensa para que pierda la grasa. Después se adoba principalmente con pimienta, clavos y nuez moscada (el de Carora me supo también a pimienta guayabita). Es un sabor único. El de Sucumbás estaba bueno, pero me gustó mucho más el caroreño, el propio. No es nada caro el sitio.

El domingo lo comenzamos con un mondongo de chivo, que es mucho más ligero, menos espeso, que el de pata y panza de res, pero con un sabor algo más fuerte (ya lo habíamos probado Carmen y yo, en el mismo viaje a Carora, en un restaurant donde la única que no lo estaba comiendo para el desayuno del domingo era Carmen; no sólo eso: entraba mucha gente con sus ollas a comprar para llevar). El día anterior, buscando el Parque Ayacucho, vimos este letrero en una esquina, y nos dijimos "mañana venimos". Resultó ser una taguarita, llamada "El sazón de Virginia". El mondongo resultó muy rico, y las arepaz de maíz pelao, "mundiales". Nunca las habíamos comido tan "rústicas", tenían hasta algo del sabor de las cachapas. Esta vez Carmen tampoco se animó: se comió un plato de caraotas y carne mechada con sus arepitas. La última foto es la de la taparita con el suero picante.











En la tarde, después de ir a recorrer los talleres de artesanos de Agua Viva, y de pasear por las Lomas de Cubiro, llegamos al Ranchón de Pío, un restaurant que está como a 2,5 km. del sitio donde se monta a caballo. Allí comimos cochino frito (Jorge - foto de arriba a la izquierda), hervido de gallina (Carmen), asado negro (Ónix y yo). Bien rico todo y económico.

Al día siguiente, desayunamos en una panadería cercana al hotel, cachitos y pastelitos de panadería comunes y corrientes, para andar rápido y llegar pronto a Santa Rosa, de donde saldría la procesión. Durante el día comimos muchas mandarinas, tomamos mucha agua (hacía bastante calor), y helados. Nos sorprendió encontrarnos con una heladería Mimo's como las que conocíamos de Mérida, donde venden helados de mantecado muy cremoso con frutas naturales en almibar, ¡riquísimos!

Al llegar la procesión a la Catedral, salimos del gentío como pudimos. La entrada de la calle por donde pretendíamos salir estaba casi toda ocupada por tarantines de comida, así que la gente se apretujaba a empujones para pasar por el pequeño espacio que quedaba. Después de salir de allí, ¡un verdadero -y casi literal- parto!, nos costó bastante conseguir un taxi, pero después de caminar un buen rato lo logramos. Llegamos al hotel a bañarnos y terminamos en el Centro Comercial Las Trinitarias comiendo comida árabe. Hubiéramos preferido algo más larense, como Los Caldos de la Abuela, que se especializa en chivo, pero ya estaba cerrado.

El martes en la mañana, nos comimos unas arepitas con pollo, antes de comprar las imperdonables acemas y catalinas del Tocuyo, y queso de chivo y de bola (los que parecen una perita), para traer para Caracas.

sábado, 19 de enero de 2008

La Divina Pastora

El fin de semana pasado nos fuimos a Barquisimeto a participar en la procesión de la Divina Pastora. Carmen quería agradecerle por nuestra salud, y pedirle que sigamos cada vez mejor.

Nos fuimos el sábado 12 muy temprano y llegamos a Barquisimeto a mediodía. Habíamos reservado unos cuantos días antes en un hotelito cerca del obelisco, pues sabíamos que la ciudad se llenaba de gente en esos días. La tarde del sábado y el domingo aprovechamos de conocer un poco de la ciudad y sus alrededores (y de comer sabroso, claro), y el lunes nos fuimos a Santa Rosa, de donde sale la procesión.

La primera foto es la iglesia de Santa Rosa, donde reposa la imagen de la virgen.
Esta es la calle que lleva desde la avenida por donde se le llega a Santa Rosa, hasta la plaza, y al fondo el arco con la silueta de la Divina Pastora.
Una penitente con su corona de espinas y su cruz a cuestas.
Mucha gente hace la promesa de vestirse como la virgen, y se ven niñas, jóvenes, maduras y viejas con sus trajes del mismo año, o de los anteriores.
Un chamín, vestido de nazareno.
Otro penitente
La Carmen...
...y yo


Siguen unas imágenes más de ese día, dentro de la iglesia de Santa Rosa, y a lo largo del recorrido. Si quieren ver más, vean las que subí a Picasa.

domingo, 6 de enero de 2008

La historia de Daniela Bascopé

Hoy domingo Carmen me trae la Estampas de El Universal, diciéndome: "¿Te suena conocida esta historia?", y me mostraba la segunda de tres historias presentadas bajo el título "Valientes más allá del escenario". Se trata de Daniela Bascopé, una actriz venezolana (no la conocía):

Daniela, puro coraje


"La valentía es la voluntad para enfrentar situaciones extremas, a pesar del miedo que puedas sentir para seguir adelante. Valentía es fortaleza interior"
A Daniela Bascopé le cambió el mundo en enero del año pasado, cuando estando hospitalizada por una afección grave, le dieron una noticia aún más dura: tenía cáncer. Irónicamente, en dos ocasiones había interpretado como actriz a mujeres que padecían la enfermedad, pero nunca pensó que el papel más importante lo haría en su propia vida.
A los 25 años de edad y con una carrera artística en ascenso, Bascopé tuvo que cambiar de un día para otro los estudios de televisión por las salas de quimioterapia y el quirófano de un hospital. Cuatro meses después de haber salido airosa de un trasplante de médula, dice que la cruzada personal que vivió junto a su familia sacó lo mejor de ella misma, aunque nunca lo pidió. "Después de todo esto, creo que sí soy valiente, no sé si por mérito propio o porque la vida me lo impuso. Igual que sucede con los hombres que van a la guerra, a mí no me quedó más opción que luchar o morir".
Y eso es lo que es Daniela, una luchadora. Aunque aclara que no es una experta en cáncer, cuando habla de lo que ha vivido, lo hace con tanta contundencia que de inmediato su testimonio se convierte en guía y estímulo para quien atraviese cualquier adversidad y demuestra una vez más que cáncer y muerte no son sinónimos.
¿Crees que tu fuerza interior fue determinante para enfrentar
lo que viviste?

"Cuando estás en una situación extrema surge dentro de ti un instinto de supervivencia, algo te sale naturalmente y se convierte en el impulso para seguir adelante. No sé qué fue lo que pasó dentro de mí, pero en el momento en que recibí la noticia sentí una paz interior y la seguridad de que iba a salir de esto. Durante el proceso tuve altibajos y depresiones, pero yo tenía la convicción de que iba a ser una etapa y de que lo iba a contar".
De hecho, Daniela convirtió el cáncer en una prueba para crecer. "Cualquier tragedia o pérdida familiar se torna, inclusive, más poderosa que un triunfo, porque te ofrece más oportunidades para evolucionar como ser humano En medio de la adversidad, traté de sacarle provecho a mi enfermedad, ver qué mensajes me enviaba, qué cosas me quitaba y cuáles tenía que valorar más".
¿Qué valora más hoy día?
"Compartir con mi familia. No tienes idea de lo importante que es tener el apoyo de tus seres queridos, porque si yo fui una persona valiente es porque tuve a mi lado a una familia valiente. También valoro las cosas más sencillas de la vida: respirar, comer, caminar de un lado a otro y hasta poder hacer ejercicios en el parque del este".
La experiencia también hizo entender a Bascopé la vulnerabilidad humana y la enseñó a apreciar la vida con otros ojos. "Me hice más consciente de que la muerte existe, que no es una cosa lejana o que no me va a ocurrir. Y al tener eso presente, empecé a pensar más en lo que realmente vale la pena y a lo que de ahora en adelante le pondré más energía".
¿Crees que ahora estás viviendo un día a la vez?
"Por supuesto que sí. Y entender eso también te hace valiente. Venía con una vida muy vertiginosa, quería hacerlo todo al mismo tiempo: actuar, dirigir, postproducir y estudiar, y uno de los mensajes que me dio la vida es que hay que tomarse las cosas con más pausa; por más que uno se afane, va a dar tiempo de lo que haya tiempo".
¿Qué le dices a las personas que, como tú, están atravesando una enfermedad?
"Lo peor que puede hacer una persona es caer en el drama. Esto no quiere decir que uno no pueda llorar o decaerse, pero hay que dejar de victimizarse y hay que verse todo el tiempo fuerte, porque lo más fácil es autocompadecerse, y créeme: eso no ayuda".

Servir de ejemplo
Daniela quiere cerrar este ciclo de su vida con la edición de un libro. "Se llama Vivir T. Creo que puedo ayudar a muchos con él". Además, quiere prestar su imagen para trabajar en la prevención del Linfoma de Hodking. Por ahora, mantiene activa una fundación, cuyo correo es bascope-daniela@yahoo.com.


http://www.eluniversal.com/estampas/encuentros.shtml

viernes, 4 de enero de 2008

Miércoles 2 de enero - Consulta de control

Llegamos al laboratorio poco antes de las 7 a.m. Había una colita como de 8 personas antes de mí. Pensé que la cosa se movería rápido, pero al momento de pagar, nos mandaron a la caja de Rayos X, porque la del laboratorio por alguna razón no estaba funcionando. El primer paciente estuvo un buen rato ante la taquilla, esperando no sabíamos qué. Al final resultó que el sistema informático no estaba del todo listo para trabajar con los bolívares fuertes, así que nos dieron un recibo temporal escrito a mano. Como a las 8 por fin me tomaron la muestra de sangre. Subí a anunciarme en la recepción de Arsuve, y fuimos a desayunar en el restaurant de la clínica, para no alejarnos mucho, pues la semana pasada la doctora nos atendió bien temprano.

Luego del desayuno me senté en el pasillo de espera a leer El primer caso de Montalbano, otro libro de Andrea Camilleri (me parece muy duro para Vázquez Montalbán el comentario de Agapito Maestre en el enlace), que compré a través de muchoslibros.com, librería en línea que recomiendo: se puede comprar libros de unas cuantas librerías de españa y América Latina. Aunque la primera de las tres historias que contiene el libro es muy interesante y divertida, terminé por quedarme dormido (el sueño atrasado de los últimos días).

Me llamaron pronto, como a las 9:30. Me recibió en la sala de examen una enfermera que no conocíamos, que nos dijo que Alicia está de vacaciones. Un ratico después llegó la Dra. Arbona, dándonos un fuerte abrazo de feliz año (si sus abrazos habituales son tan apretados, podrán imaginar cómo fue el de feliz año). Me encontró muy bien, como de costumbre. Pidió los resultados del laboratorio por teléfono y todo estaba muy bien. Esta semana no me mandó a inyectarme el Granocyte, pues ya no viene más quimio y las plaquetas, en particular, bajaron menos que de costumbre para este momento en que estaría empezando un nuevo ciclo: 120 (hace dos semanas estaban en 98,7 y dos semanas antes en 98,9). Me indicó Benutrex, un polivitamínico que me ayudará en la recuperación de la sensibilidad en manos y pies, y espero que del paladar también. Me dio órdenes para tomografía de tórax, abdomen y pelvis, colonoscopia, y exámenes de laboratorio más completos, que incluyen transaminasas, creatinina, colesterol, triglicéridos, antígenos prostático y carcino-embrionario. Tengo cita nuevamente para el viernes 25 de enero. La foto con la doctora la tomó la Carmen.

A pesar de todas las comederas (y bebederas, aunque mucho menos que de costumbre, ¡prudencia!) mi estómago se portó muy bien.


Ayer, 3 de enero, llevamos a mi mamá a comer a La Cocina de Francy, por su cumpleaños número ochenta y cinco. Éramos 16 en la mesa: Mamá, Ileana y Arturo; Enrique, Lulú, Raiza (la hermana de Lulú), Valeria y Julio; Mariana y Valentina; Jorge, Ónix, Diego, Raiza (que regresó el 2 de Galicia), Carmen y yo. Lo pasamos muy bien, aunque no había de todo lo que aparece en la carta: nada de pescado, ni polvorosa de pollo, que era lo que mamá quería comer, ni pastel de chucho, que Enrique quería. De todas maneras todo lo que pedimos estaba rico. Al final, con los postres, pedimos una velita para el quesillo que pidió mamá, y le cantamos cumpleaños feliz. Las fotos las subí a picasa. Las tomaron Jorge y Ónix con una cámara Canon que se compraron por Internet, con los últimos dólares que les quedaban del cupo Cadivi. Este año, con los míseros $400 a los que tenemos derecho, ya no hubiesen podido.

martes, 1 de enero de 2008

Las hallacas - más fotos

Zenobia, mi mamá, quien siempre dirige las acciones.
Casi todo el grupo que trabajó. De izquierda a derecha: Carmen, mi hermana Ileana, Enrique, Valentina (al foooondo), Lulú -la esposa de Enrique-, Diego, Alejandro (o sea, yo) y Julio, el esposo de Valeria, con una hallaca casi lista para cerrar.
Las verdaderas protagonistas.
Como puede verse, Carmen no llora cuando pica cebollas, se ríe.
Enrique y Lulú.
Ileana, Carla (hija de Enrique), con su retoño Carlos Eduardo.
Carla.
Valentina, hija menor de Juan Carlos, quien se reveló como una experta amarradora de hallacas.
Carla y Carlos Eduardo.
Con Enrique y Carmen, sacando las hallacas de la olla.