viernes, 30 de noviembre de 2007

Día 12 del décimo ciclo

Hoy sí caminé. Lo hice por calles con menos pendiente que por donde he caminado hasta ahora, por si acaso la rodilla...

Más tarde, después de la ducha y el desayuno, acompañé a Jorge a llevar el Jimny de Diego a reparar el aire acondicionado. De allí pasamos por el supermercado a buscar lo necesario para un marmitako para el almuerzo (hace tiempo que no lo hacíamos). El atún ya lo había comprado en mi última visita a la pescadería, cuando me regaló Vito la lamparosa.

Llevé a lavar el carro de Carmen, que tenía unos cuantos días parado bajo los árboles y estaba, por supuesto, sucísimo. Cuando regresé a la casa, ya Carmen y Jorge tenían adelantado el marmitako; yo di los últimos toques. Este marmitako estaba repotenciado con el caldo de carite, roncador y cangrejos.

En la tarde llevé también mi carro a lavar, antes de ir a la clase de Finale. Al regreso, pasé por Locatel, compré los sueros y lo que me faltaba de la premedicación: ampollas de dexametasona y de ranitidina.

En Licores Mundiales compré, además de arenque y quesos, un chorizo de pavo, más sanito que uno de cerdo, pero nos dio risa el ver en los ingredientes: magro de pavo (¡qué bien!), grasa de pato (¡ya no tan bien!), je je. Con eso y un par de panes gallegos de la panadería Mangdala, cenamos.


Eduardo, mi sobrino, nos recomendaba a Tibu y a mi, en un reciente comentario, un disco de Weather Report, Heavy Report, del que aprecia especialmente la calidad de bajista del genial y malogrado Jaco Pastorius. Aquí va una de las pistas de ese disco, Teen Town:

jueves, 29 de noviembre de 2007

Día 11 del décimo ciclo

No fui a caminar porque ayer en el Domingo Luciani me dolió la rodilla izquierda varias veces: allí las colas se hacen sentados, y hay que pararse de una silla y sentarse en la siguiente, como en el juego de la sillita. Al pararme de una a otra varias veces sentí un dolorcito. Hoy no me dolió, pero como las calles por donde camino son bastante empinadas, preferí no caminar por hoy.

Tuve que ocuparme de llevar mi carro y el de Carmen a hacerle algunas reparaciones. Eso me ocupó toda la mañana.

Acompañé a Carmen al odontólogo. Ella creía que su cita de hoy era a las 3 de la tarde, pero la llamaron en la mañana para confirmar su consulta, que era en realidad a la 1 p.m. Fuimos entonces sin almorzar. La consulta fue sólo para controlar el estado de la cirugía de la semana pasada, y todo estaba muy bien, así que tuve que esperarla apenas unos minutos.

Al regreso preparamos unos spaghetti con hongos a la crema, que son rápidos y sabrosos.

En la tarde hice una merecida siesta.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Día 10 del décimo ciclo

Hospital Domingo Luciani: última entrega de medicamentos. Los tenían todos y accedieron a entregarme el Oxaliplatino, a pesar de que, de acuerdo al sistema computarizado, me tocaba buscarlo dentro de dos semanas. Le expliqué a la persona que me atendió que la vez pasada no me lo entregaron junto con lo demás porque no lo tenían, y que anteriormente algún medicamento que había quedado rezagado por la misma razón me lo entregaron junto con lo demás, mediante la autorización de un supervisor. El muchacho fue a consultar y me dio la orden para la farmacia por todas las medicinas, así que por ahí ya estoy listo para terminar puntualmente el 19 de diciembre (¿vieron la cuenta regresiva que puse ahí a la derecha?). Hoy había poca gente, de manera que todo fue rápido.

Al regreso pasamos por casa de mi mamá, a saludarla y a llevarle un encargo que me había hecho. Se estaba preparando para salir a una consulta médica en el IPP de la UCV. La esperamos, entonces, y la llevamos hasta allá.

Carmen preparó unas lentejas al curry (con poco curry, por prudencia) y yo, un poquito de chutney improvisado con manzana, pera, ají dulce y cebolla, para acompañar.

En la tarde: siesta y puesta al día del blog.


Una musiquita, que hace días que no pongo aquí. Florzinha (Petite fleur), interpretada por esa gran cantante y pianista brasileña que se llama Tania María:

martes, 27 de noviembre de 2007

Día 9 del décimo ciclo

En la mañana, después de caminata, ducha y desayuno, fui al Banco del Caribe a buscar ¡por fin! mi certificado de los Bonos del Sur II. Me habían llamado el viernes en la tarde para decirme que podía pasar a buscarlos cuando quisiera.

Almuerzo: pescado para todos. Carmen y Jorge comieron unas ruedas de salmón y yo una lamparosa que me había regalado Vito, el pescadero. Le pregunté por unas que vi en la nevera, y me dijo que aunque se ven tan planas, tienen buena carne. Para demostrármelo, tomó una y le dijo a uno de los empleados que me la limpiara. ¡Te sorprenderás! me dijo cuando me la entregó. La verdad es que estaba bien sabrosa. La carne es bastante firme y de buen sabor (cuando mi paladar vuelva a la normalidad seguramente la apreciaré más todavía).

Hay un joropo oriental cuya letra dice:
Unos dicen que el carite,
otros que la lamparosa,
pero el coro-coro tiene
la cabeza más sabrosa

Coro-coro fresco, boca colorá
si te comes la cabeza, la cabeza, te quedas en Cumaná
si te comes la cabeza, te quedas en Cumaná

En la tarde llevé a Carmen a su consulta con el odontólogo. Estuve leyendo algo de Alatriste, y cuando estaba a punto de caer dormido (eran las 3 de la tarde), llegó Ónix que tenía cita también, acompañada de Edgar, su papá (el consuegro). Conversamos entonces un buen rato mientras salía Carmen.

Al salir, pasamos por Santa Mónica a buscar unos bollitos de jojoto para la cena, y algo de queso. Hay una tiendita bien buena justo al lado de la arepería que mencionaba hace algunas semanas. Hay buenos quesos frescos: de cabra, telita, palmizulia, primavera y, además de los bollitos de jojoto, a veces hay también de chicharrón.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Día 8 del décimo ciclo

¡Plaquetas: 169! Ese fue el resultado del examen de ayer. Todos los demás valores están bien, pero éste era el que me preocupaba, pues la semana pasada estuvo más bajo que nunca. No pelé ni un día de sopa de pat'e pollo o de pescado.

Hoy tuve ya mi consulta con la Dra. Arbona que regresó de vacaciones. Nos contó que, en la semana antes de las vacaciones, estuvo en un congreso en Alemania sobre linfoma de Hodgkin, donde comprobó que el tratamiento que se siguió con Jorge sigue siendo el más actualizado. Me encontró muy bien en tanto el examen físico como en los resultados del laboratorio.

Para el almuerzo teníamos una carne para guisar que preparamos como carbonnades flamandes, un plato belga en el que la carne se guisa en cerveza (Bélgica es la capital mundial de la cerveza - miren en el enlace cuántos tipos diferentes, y dentro de cada uno, ¡cuántas marcas!). Lleva también cebolla, algo de crema, mostaza y alcaparras (seguramente no la preparamos según la ortodoxia, pero nos gusta como sabe así). Por supuesto que no la preparamos con trappiste, o gueuze, sino con Polar.

En la tarde leí algo (terminando El Conquistador, y empezando El Capitán Alatriste, un libro de aventuras de un espadachín madrileño del S. XVI. ¡Muy entretenido!), y rematé con una siestecita.

domingo, 25 de noviembre de 2007

Días 6 y 7 del décimo ciclo

Sábado 24/11 (día 6)
Hoy no fuimos al Chi-kung. Yo me puse anoche una ampolla de Granocyte, y en la madrugada sentí algo de dolor de espalda. Por otra parte, la Carmen está convaleciente de una pequeña cirugía en la encía, y no le convenía hacer ejercicios. Desayunamos tranquilos en la casa, y hacia mediodía salimos hacia el centro de Caracas (¡qué ocurrencia!). Carmen quería visitar una tienda del Pasaje Zingg, donde va cada año a buscar nuevos adornitos para el arbolito. Llegando a la Av. Bolívar nos encontramos con un Mega-Mercal que nos impidió llegar. Dimos media vuelta donde pudimos, y enfilamos hacia el Hipermercado Éxito, en Terrazas del Ávila. Allí había una buena cola para entrar, pero adentro no era tan grave la cosa. Aquí, lo que buscaba era un arbolito nuevo (igual que en Full Flores: si fuera más bonito y de un precio razonable; los precios lo eran, pero ¡muy feos!). Compramos algunas frutas y otras cosas.

Llegando a la casa no teníamos ganas de cocinar, además de que Diego se había ido con Raiza a almorzar juntos por su cumpleaños (el de ella: ¡Felicitaciones!), y Jorge se fue con Ónix a casa de los suegros a desayunar: esos desayunos suelen ser copiosos y tardíos. Así que almorzaríamos solos. Pusimos a calentar una empanada gallega de pollo marca K-tedra que trajimos del supermercado y acompañamos con ensalada. No es una maravilla, pero para ser una cosa congelada no estaba mal. En la tarde leí algo, hice una buena siesta, y en la noche me metí mi buena sopa de pescado, pensando en mis plaquetas en el examen de mañana. Esta semana tomé sopas de pat'e pollo o de pescado todos los días, asi que tienen que haber subido.

Últimamente no me provoca comer en la calle, no solo por aquel ultimátum de Carmen, sino porque la acumulación de medicamentos en mi cuerpo ha hecho que mi boca deje de percibir bien los sabores. Lo muy ácido lo siento menos, pero además me molesta en la lengua y las mucosas internas, y percibo menos lo salado y lo dulce, así que pensar a ir a comer a algún lugar para no disfrutarlo, me disuade de hacerlo. Al sentir menos lo ácido y lo dulce, al probar algún vino recientemente lo he sentido soso y me ha producido cierto picor.

Domingo 25/11 (día 7)
Dsayunamos en casa y salimos al laboratorio de la Clínica La Floresta. Llegamos allá como a las 11 y media. Me tomaron mi muestra de sangre, y fuimos de allí al Centro Comercial Santa Fe, pensando en comprarle un regalo a Raiza (su cumpleaños fue ayer, y no habíamos podido comprárselo) y, en el supermercado, lo necesario para hacer un chupe de pollo, pensando en algo rápido y sencillo, pues en la tarde montaríamos en familia el arbolito.

Antes de que me hablen del Imperio, y de que el arbolito no forma parte de nuestras tradiciones, debo decir que la iniciativa en nuestra casa siempre partió de Carmen, cuyo padre era español, y la acostumbró desde chiquita a montar su arbolito, y es una tradición por la que guarda mucho cariño, el que le profesa a su papá que falleció cuando ella tenía 12 años. Su arbolito (nuestro arbolito), se ha ido llenando año a año de pequeños adornos que ella va rastreando en todos lados, prefiriendo piezas de madera y otras muy delicadas que ha ido encontrando y atesorando desde el nacimiento de nuestros chamos. En la foto aparece uno de los adornitos más preciados de Carmen: un nacimiento en una cáscara de nuez. Esta misma foto la usamos como tarjeta de navidad el año pasado.

En el supermercado encontramos todo, menos el pollo. Había solo pollo entero, congelado y con piel. Pensé que podría encontrar pechugas con o sin hueso en una carnicería en Santa Mónica, pero cuando llegamos ya habían cerrado. Bajamos a Licarch, el supermercado en Los Chaguaramos al que voy con frecuencia, y no tenían nada de pollo. Ya eran casi las dos, así que no estaba seguro de si iba a Luvebras, en Santa Mónica, lo encontraría abierto. A Carmen se le ocurrió entonces que lo hiciéramos de camarones, y eso sí había, pelados y congelados, de marca Galera, pero ¡bien caros!

Mientras yo preparaba el chupe, Diego y Jorge armaron el arbolito (al final, el mismo de los últimos años), luego Diego probó e intercambió las luces de las instalaciones del año pasado, para que todos los bombillitos prendieran. Raiza y Ónix empezaron a poner las luces, Carmen abría las cajas con los adornos, Diego y Ónix ayudaron a pelar las papas, y Jorge a picarlas, y así, poco a poco, tanto el chupe como el arbolito comenzaron a tomar forma.

Después de almorzar terminamos entre todos de decorar el árbol, y tomamos algunas fotos del proceso.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Día 5 del décimo ciclo

Caminé, hoy sí con más energía. Solo, de nuevo.

Jorge se fue temprano al laboratorio y a su consulta (todavía con la Dra. Vivas; la Dra. Arbona regresará el lunes).

Lo pasaron temprano, antes de la hora de su cita. Cuando llegamos ya había salido, aunque no tenía todavía los resultados. Al recibirlos tenía que hacérselos llegar a la doctora. Muy buenos sus valores. Ya podrá ponerse las vacunas que tenía pendientes (hepatitis y antigripal), pero que quedaron a la espera de que se normalizaran sus niveles de transaminasas. La Dra. Vivas dejó para que la Dra. Arbona, el lunes, le indique los exámenes y vacunas a seguir.

Carmen tenía nuevamente cita con el odontólogo, así que para no perder tiempo, almorzamos en la clínica: plato navideño, ellos dos, y pollo a la plancha con papas al vapor y vegetales cocidos (desabrido el pollo, para mí. Bastante buenas las hallacas).

Más tarde, dejé a Carmen en el odontólogo, y me fui a mi clase de mi alumna de Finale. Jorge recogería a Carmen cuando terminara.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Día 4 del décimo ciclo

Salí a caminar a las 7 de la mañana. Me sentía lento, así que más que una caminata fue un paseo. Llevaba como siempre mi monitor cardíaco Polar, y al final de los 40 minutos, me indicó que me había mantenido dentro del rango de ejercicio cardiovascular sólo durante menos de 20 minutos (normalmente me mantengo más de 35). Como iba a un ritmo diferente del habitual, entré al ramal 1 (de la Calle Caurimare: nosotros vivimos en el ramal 6. Son callecitas ciegas que salen de la Caurimare). Nunca había caminado por ahí, y encontré en él una casa muy bonita.

Después del baño y el desayuno, salí con Carmen a hacer una cita para ella para una colonoscopia de rutina que tiene pendiente desde hace algún tiempo. Se la hará con mi mismo gastroenterólogo (en realidad es al revés: el Dr. Vethencourt fue antes su gastroenterólogo que el mío). Tuvimos que ir personalmente porque teníamos como una semana intentando hacer la cita por teléfono sin éxito.

Después de hacer la cita, fuimos hacia la Carretera Panamericana a ver si escogíamos un arbolito de navidad -de los artificiales. Cuando empezamos a subir vimos que había mucha cola en la vía de bajada hacia Caracas, una cola de varios kilómetros. Temimos tener que bajar por Las Adjuntas, lo que significaría tener que llegar hasta Los Teques, para regresar a casa vía Caricuao. Carmen quería ir a un negocio que se llama Full Flores, al lado del Centro Comercial La Casona. Compraríamos el arbolito sólo si encontrábamos uno de un precio razonable y que fuera más bonito que el que tenemos, que no está tan mal, en realidad. No fue así: los que vimos eran feos y caros.

En el Kafta de La Casona compramos unos sandwiches árabes de falafel con tabule para Carmen y Jorge; yo comería filetes de curvina al horno que quedaron de ayer. No perdonamos unos mabrumes con pistacho, dulces que son unos cilindros hechos con fideos de sémola muy tostados, rellenos con pistachos y bañados en almibar con agua de azahar.

Ya era pasado el mediodía, y Carmen tenía que estar en el odontólogo, en Terrazas del Club Hípico, a las 3. Pensamos que si subíamos hacia Los Teques para bajar por Las Adjuntas y Caricuao se nos haría demasiado tarde. Bajamos, entonces, deseando que la cola que vimos cuando subíamos ya se hubiese disuelto. Afortunadamente, así fue. Llegamos a la casa, almorzamos, y poco después salimos. Me llevé algunas fotos en un pen-drive para probar a imprimirlas en una máquina Kodak, que en otra visita al mismo odontólogo, habíamos visto en un negocio que está en el mismo centro comercial donde se encuentra el consultorio.

Mientras esperaba a Carmen, intenté leer algo del libro que me había llevado: El Conquistador, de Federico Andahazi. Aunque el libro es sumamente interesante, y escrito con gran economía de medios, a esa hora fue más lo que dormí que lo que pude leer.

Al salir Carmen del consultorio, fuimos a probar la impresión de las fotos, y el resultado fue muy bueno: imprimimos algunas de las fotos de la boda eclesiástica de Jorge (octubre 2006), un par de fotos tomadas en Arsuve: una con la Dra. Arbona (publicada en este blog), y otra con Johana, una de las enfermeras, y algunas más. ¡Buena calidad y color! Volveremos seguramente a imprimir más.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Día 3 del décimo ciclo

Al levantarme todavía se veía bastante líquido en el infusor. Se suponía que terminaría hacia mediodía, pero no sabía cómo se portaría este nuevo aparatico. La bomba grande ya la conozco y sé más o menos cuando ya se está terminando. Con éste no estaba seguro.

Fui temprano al Banco del Caribe, a hablar con la gerente sobre la respuesta a mi reclamo. Me entregó una carta que me decía que se verificó que los retiros se hicieron con mi tarjeta y mi clave: ¡claro, si me la clonaron es como que lo hubieran hecho con mi tarjeta y mi clave! Y que no había sido solicitada ninguna restricción sobre dicha tarjeta: ¡si la hubiera perdido o me la hubieran robado, habría pedido que la anularan, pero no es el caso! Me sugieren que plantee la reconsideración ante el Defensor del Cliente del Banco del Caribe, que es una instancia independiente, no empleado del banco. ¡Veremos qué se puede lograr por allí! Aproveché de preguntar por mi certificado de los Bonos del Sur II (que valen ahorita el 75% de su valor nominal, para la parte en bolívares, y el 77%, para la parte en dólares. Hasta ahora, ¡tremendo negocio!), y me enteré de que sí es el banco quien tiene que emitírmelo, no el estado venezolano, pero que no lo hacen de manera automática, porque muchos compradores los venden apenas los adquieren, y a ellos les llegaría el certificado no siendo ya poseedores de los bonos. Tendré que seguir insistiendo.

Regresé a la casa a buscar a Carmen que me iba a acompañar a la clínica. Como llegamos a las 11:30, pasé primero por la administración para solicitar el presupuesto para el ciclo 11, para enviarlo al seguro de INTEVEP, y estar seguro de que los recibos de los ciclos 7 y 8 que ya firmé hubieran sido enviados ya. Sí lo fueron. Y preguntar también si han recibido los faxes correspondientes a los ciclos 9 (que enviaron ellos) y 10 (que envié yo), han tenido ya respuesta. De éstos no saben nada todavía. Tendré que venir el viernes a buscar el presupuesto (cuando venga con Jorge a su control mensual, todavía con la Dra. Vivas; la Dra. Arbona regresará el lunes).

Cuando subí a la unidad de quimioterapia quedaba todavía algo de líquido en el infusor. Se lo mostré a José Manuel y me dijo que faltaba todavía como dos horas, ¡dos horas! Decidimos volver a la casa, almorzar con Jorge y volver más tarde. José Manuel me indicó que si se terminaba por completo, podía cerrar el flujo con el clipcito que trae el equipo de la aguja que me insertan en el reservorio del catéter.

Carmen preparó unos filetes de curvina que hace al horno con salsa bechamel, alcaparritas y parmesano, acompañados de puré de papas y ensalada. Al terminar, seguía quedando líquido en el infusor.

Llegamos a la unidad como a las 4:30. Rodolfo me dijo que faltaba un poquito todavía, que me sentara y esperara. Al rato pasó Lisbeth, y al verme varias veces allí esperando me dijo que entrara para quitármelo. Viendo que todavía quedaba suero, le preguntó a Rodolfo si me lo pasaban de una vez, y decidieron hacerlo así: Rodolfo me retiró el infusor, pero no me quitó la aguja todavía, trajo un par de jeringas, una grande con lo que quedaba de suero, diluido en otro poco de suero, y una pequeña con la heparina que siempre me ponen en el reservorio para impedir que el catéter se pueda tapar. Me explicó Rodolfo que como el infusor es mecánico, la presión va bajando a medida que se va vaciando, y ese poquito que queda al final puede tardar muchísimo en pasar completamente. Total que salimos de allí casi a las 6 de la tarde. Espero que la próxima vez me toque mi bolsito de siempre.

martes, 20 de noviembre de 2007

Día 2 del décimo ciclo

Como mi terapia hoy empezaba a las 10 aproveché de ir a la pescadería. No encontré sardinas, así que compré unas buenas cabezas de carite, un par de roncadores y unos cangrejos para hacer una sopa potente p'a las plaquetas. Compré también atún y filetes de curvina para otros almuerzos. Pasé por el supermercado Luvebras en Santa Mónica a comprar otras cositas y unas frutas. Recibí un mensaje de texto del Banco Caribe por el celular, avisándome que ya había respuesta a mi reclamo por la plata retirada con la tarjeta clonada. Saqué algo de plata del cajero y noté que no habían repuesto en mi cuenta los 700 mil retirados, lo que me hizo saber que la respuesta había sido negativa: no procedente, como ellos dicen. Me indicaban en el mensaje que me comunicara con el servicio telefónico de Bancaribe para más detalles. No pude hacerlo hasta la tarde. Y, como tenía que ir a la quimio no entré a la agencia del banco que está en ese mismo centro comercial.

Hoy me acompañó Jorge a la quimioterapia. Llegamos a las 10:30, y terminé como a las 2 de la tarde. De regreso a la casa, Carmen nos tenía listo un pollo con jengibre y cebollín, acompañado de cuscús y una ensalada. Comimos, y más tarde llamé al banco: me dijo la operadora que a la respuesta a mi reclamo no tenían acceso sino los gerentes y subgerentes de agencia, lo que me confirmó que la respuesta era efectivamente negativa. Así que tendré que ir al banco para que me digan que no me van a devolver mi plata.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Día 1 del décimo ciclo

Fui a caminar a las 7. Como mi cita de hoy era a las 10, pues tenía tiempo. Jorge no me acompañó porque iba a llevar a Ónix a un curso que tendrá esta semana en la Universidad Metropolitana. A partir de mañana ella se irá manejando. Después de la caminata, baño, desayuno, cargar la cavita con hielo para llevar la medicina que requiere frío, y la ampolla de Granocyte que me pusieron allá y que les debía. También debo llevar el Oxaliplatino de esta sesión y el de la pasada que no pude llevar porque no me lo entregaron en el Seguro Social. ¡Pagando deudas!

Salimos como a las 9 y cuarto, y encontramos mucha cola. Supongo que la gente que estaba represada por el pico y placa de Baruta (hasta las 9 a.m.) salió toda. Al entrar a Chacao la cosa no mejoró nada: allí también hay pico y placa ahora. Mientras íbamos en camino Jorge nos llamó: decidió pasar por la Clínica a acompañarnos. Le pedí que fuera al laboratorio a buscar los resultados, para ganar tiempo. Llegamos a las 10:15 y ya me habían llamado. Entré a la sala de examen y unos minutos después subió Jorge con los resultados (había bastante cola en el laboratorio). La Dra. Vivas me encontró muy bien. Me recomendó que hiciera enjuagues con Amosan para ver si mejora la sensibilidad en las mucosas de la boca: las vinagretas, por ejemplo me hacen sentir un ardor bien molesto. Esta vez las plaquetas bajaron mucho: llegaron a 93,5. Antes de darme la orden para subir a la quimio, me pidió que me los repitiera a ver si habían subido algo.

Fui a otro laboratorio que está en el mismo edificio de la unidad de quimioterapia y me los ofrecieron en una hora, y a la hora exacta me los entregaron. Además cuesta menos de la mitad que en el de la clínica. Casi todos los valores estaban aproximadamente iguales, pero las plaquetas subieron a 103, aunque sigue siendo bajo. La Dra. Vivas no cree en sopas de sardinas ni de pat'e pollo (Arbona tampoco). La verdad es que la semana pasada tomé agua de coco y tomate de palo, pero ni una sopita. Me dio la orden y subí a la unidad de quimio. Arriba, Vanessa me conectó a mi suero, el pinchazo me dolió menos que en anteriores ocasiones, o tal vez me estoy acostumbrando. ¡Ya faltan sólo dos pinchazos más! Dormí muchísimo. La última vez también, no tuve chance ni de leer nada. Me parece que los medicamentos me están produciendo ese sueño, porque no estoy durmiendo poco de noche. Terminé como a las 4. José Manuel, que fue el que me desconectó del suero, me dijo que volviera mañana a las 10 (aunque se espera que el infusor termine como a las 2: son 22 horas).

El infusor es la novedad. Esta vez en lugar del bolso con la bomba de infusión me pusieron un infusor, el que había comentado antes que parecía un Cocossette. Ahora que lo tengo colgado del cuello me doy cuenta de que no lo había visto bien. El tamaño puede ser más o menos el mismo, pero no se parece en nada. Puedo metérmelo en el bolsillo de la chaqueta también. Es mucho más liviano que el bolsito, por supuesto. En las fotos: la bolsita que contiene el infusor, y el propio aparatico. Éste es totalmente mecánico, no lleva pilas como la bomba. Mide como unos 13 cm. de punta a punta. Cuando me lo pusieron el globito blanco que se ve adentro ocupaba casi todo el espacio y se va vaciando poco a poco. Cuando se vacía ese globito queda como un cilindro bien delgado.

En la tarde descansé bastante, vi algo de televisión y me tomé la sopa de sardina que quedaba en el congelador (mañana voy a ver si consigo más sardinas. Si no, de cabezas de carite y cangrejos. Tengo unos poquitos de pat'e pollo congelados también). Como llegamos tan tarde empatamos el almuerzo con la cena. Carmen preparó unas arepas y comimos con caraotas refritas y queso guayanés y nata que compramos en el camino de regreso.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Días 13 y 14 del noveno ciclo

Sábado 17/11 (día 13)
Hoy si fuimos al Chi-kung. No asistió mucha gente, pero supimos que el grupo fue bien numeroso cuando no fuimos la semana pasada.

Después de salir del Parque del Este volvimos a la casa a bañarnos y cambiarnos. Luego dejé a Carmen en el Recreo a terminar sus comprar de trapos que no pudo hacer ayer. Mientras tanto llevé a lavar el carro. Cuando terminé (cosa de una hora) ya Carmen estaba casi lista. Me paré en las afueras del centro comercial a esperarla unos minutos.

Pasamos por el supermercado para comprar lo necesario para preparar una salsa putanesca para el almuerzo, y algunas frutas.

Después de almorzar, Carmen salió para la peluquería, pero apenas salió me llamó para decirme que tenía un caucho vacío, por lo que tuve que llevarla yo porque a ella no le gusta manejar otro carro sino el Twingo, y con mi eventración no podía ponerme a cambiar el caucho. Más tarde me llamó para que la fuera a buscar. Menos mal que la peluquería no está lejos.

En la noche fuimos a la fiesta de graduación de Mariana. Pasamos buscando a mi mamá, mi hermana Ileana y mi sobrino Arturo. La fiesta estuvo muy bonita. Había muchos compañeros de graduación de Mariana, y casi toda la familia. No podía dejar de brindar con champaña, como puede verse en la foto. En la otra foto está la Doctora Mariana Vásquez Strauss bailando con su papá.

Domingo 18/11 (día 14)
Fuimos temprano al laboratorio a hacerme mis exámenes para mañana.

Saliendo de la clínica fuimos a buscar un negocio que tiene de todo para parrillas, pues Enrique me pidió que llevara unas morcillas y unos chorizos para la invitación que nos hizo -desde hace unos cuantos días- para hoy. El negocio se llama Grill Market. Queda por Santa Eduvigis, pegado del Ávila. Lo encontramos pero eran poco más de las nueve y abren a las diez. Como tienen otro local en Las Mercedes, decidí ir a desayunar a la casa y pasar más tarde por ese otro Grill Market.

Fuimos a Delicatesses Roma, en la Av. Victoria por unas sfogliatelle (hago también el vínculo a la Wikipedia en inglés donde la foto se ve más bonita). Allí las hacen muy buenas. En otras partes las llaman colas de langosta. En Delicatesses Roma las rellenan con crema pastelera, o con ricotta y frutas confitadas. Estas últimas son las que nos gustan. A veces las compraba también en la Pastelería Sabrina, en la Av. Miguel Ángel en Colinas de Bello Monte, pero a veces no las tenían, mientras que en la Av. Victoria siempre las hay los sábados y domingos. Con eso, y un buen café desayunamos todos en familia.

Antes de salir a buscar las chorizas y los morcillos, llamé a Enrique para saber cuántas personas eran los invitados para la parrilla. Le dije que iría a buscarlos a Grill Market, y me dijo que allí todo era caríííísimo, como el triple de los precios en los supermercados. Cambio de planes, pues. Fui al supermercado Licarch, pero no quedaban casi morcillas, y el grupo era de unas 20 personas. Fui entonces a buscarlas a una buena carnicería que queda en la parte alta de Santa Mónica. Allí sí tenían. Compré unas morcillas de cebolla y otras con arroz, y chorizos para parrilla y otros con ajo. Enrique me había pedido también que llevara una botella de vino y llevé un Syrah de Pomar, que me gusta mucho.

Pasamos, otra vez, a buscar a mi mamá, Ileana y Arturo para ir a casa de Enrique. Ya dije que la invitación nos la había hecho Enrique desde hace unos cuantos días. Había sido medio misterioso: la primera vez me dijo que reserváramos este domingo para ir a su casa, que tendríamos algo que celebrar. La semana pasada me llamó para confirmar la invitación y me habló de que como estaba cerca Thanksgiving Day, y teníamos tanto que celebrar este año, iban a hacer una comida con ese motivo. Me sonó algo raro, pero no insistí. Al llegar a su casa, salió a recibirnos a la puerta con mi sobrino Eduardo. Había llegado la noche anterior, y ni su mamá, Lulú, sabía que vendría. Sólo lo sabían Enrique y sus hijas. Ana, la esposa de Eduardo, venía a un evento relacionado con su trabajo en Margarita, y se vinieron los dos. Se van a Margarita el jueves, y Enrique y Lulú los acompañarán. ¡Tremenda sorpresa para todos! Mi mamá, al verlo, a primera vista lo confundió con Jorge, que se había ido aparte y llegó antes que nosotros. Después fue que cayó en la cuenta de que era Eduardo. En la foto está mi mamá con Ana y Eduardo.

La parrilla estuvo muy buena. Aunque no estuve taaan prudente, mi estómago se portó a la altura. Comí poca carne, pero probé todas los morcillas y chorizos, acompañado todo con dos buenas ensaladas. El chorizo con ajo resultó superior en sabor al de parrilla. Las dos morcillas sí estaban ambas muy buenas. En la foto, de Maestro Parrillero, está Humbertico Guerra, sobrino político de Enrique. Normalmente es Enrique quien asume ese papel, pero tuvo que salir un rato y dejó a Humbertico a cargo.

Eduardo conversó bastante con Jorge y Diego sobre su vida en Oklahoma. Él nació justamente allá, en la ciudad de Tulsa, mientras Enrique hacía su maestría en Geología. No quería tomarse la foto entre ellos dos porque temía verse enano.

Eduardo está estudiando bajo eléctrico con una bajista de sesenta y cinco años que, por lo que me cuenta, sabe muy bien su oficio. Me hizo algunas preguntas sobre teoría musical, pues su maestra no le enseña mucho de eso. Trabaja con varios tipos de notación, entre ellas la tablatura. Lo bueno es que se empeña en desarrollarle el oído musical. Me pidió una copia de mi disco Apuntes para llevárselo.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Día 12 del noveno ciclo

Caminata con Jorge.

Fui al Banco Caribe a solicitar una nueva tarjeta de débito, pues la anterior debió ser anulada porque me la clonaron la semana pasada (jueves 8/11). Afortunadamente el sistema me bloqueó la tarjeta cuando los malandros hicieron cinco retiros por un total de Bs. 700.000. No llegaron a pagar ningún consumo, por suerte. Por teléfono pregunté por qué mi tarjeta estaba bloqueada (lo supe al tratar de pagar la Electricidad por Internet), y fue cuando me informaron de los retiros. Hice el reclamo de esos cinco retiros que no reconozco como hechos por mí, y me anularon la tarjeta, indicándome que debía ir a la agencia a solicitar una nueva. Aproveché de preguntar si había llegado mi certificado de los Bonos del Sur II que compré, y tuve que solicitar la emisión del certificado correspondiente, algo que no entiendo: cualquiera que te venda un producto está obligado a emitirte una factura, ¿por qué hay que pedirle al estado que emita un documento que demuestre que poseo esos bonos? ¿no está obligado también? Y esa operación data del 8 de marzo pasado, ¡hace ya seis meses! El certificado no ha llegado todavía...

Acompañé a Carmen al Centro Comercial El Recreo y al Boulevard de Sabana Grande a buscar unos trapos para la celebración de la graduación de Mariana que será el sábado. Resultado parcial: no encontró todo lo que quería.

Almorzamos con un pollo al horno con miel, ajo y salsa de soya que le pedimos a Edith que nos preparara. ¡Muy rico siempre!

En la tarde, antes de llegar a la casa de mi alumna de Finale para su clase de hoy, paré en un Locatel que está muy cerca y compré los sueros y los macrogoteros que necesito para el lunes (ciclo 10).

Al regreso encontré colas y recolas. Hice mi parada ya acostumbrada en Licores Unidos de Las Mercedes. Tendré que buscar la próxima vez en Alimentos Oceanía, porque ya las delicatesses se están repitiendo mucho. La novedad fue un paquetico de jamón de pato español. No sé porqué creí que tenía 90 gramos, resultaron ser sólo 5o. Viene rebanado en laminitas muy finas con una veta de grasa bien gruesa. Es muy sabroso, pero tendría que comprar más. De los embutidos españoles que había no era el más caro pero, claro, los otros vienen en mayor cantidad.


Hace tiempo que no pongo nada de música. Hoy se trata de una pieza que me encanta, interpretada por Tito Puente (al vibráfono) y su banda en vivo en el Festivalde Jazz de Montreal. Hace años que la vengo oyendo en un cassette que me prestó una amiga, pero nunca supe cómo se llamaba (la pieza, de la amiga claro que sé el nombre). No hace mucho que la pude oir en la radio y supe que se llama "María Cervantes". Buscando en Internet la encontré en youtube y supe además que son en realidad unas variaciones sobre una pieza cubana compuestas por Noro Morales, excelente pianista de Puerto Rico. Aquí va una nota sobre esta pieza que encontré en una página sobre la música de Puerto Rico:
Respecto a “María Cervantes”, que siempre se le ha acreditado a Noro Morales (1911-1964), vale la pena aclarar el dato de que la melodía de esta obra pertenece a la legendaria pianista cubana de ese nombre (1884-1982) y que data de 1922. Lo que nuestro compatriota Noro registró como propio fue un arreglo que tituló “Variaciones sobre un tema de María Cervantes”. Debido a que tal título lucía como característico de una pieza de corte clásico, al momento de grabarse el productor dispuso que se limitara a “María Cervantes”. Así se ha conocido desde entonces.

Si quieren ver al propio Tito Puente haciendo gala de su virtuosismo con el vibráfono, en youtube podrán encontrar estas dos versiones:
http://www.youtube.com/watch?v=Fv63072UiJM
http://www.youtube.com/watch?v=SIWkzwc1EAI (años 50)

jueves, 15 de noviembre de 2007

Día 11 del noveno ciclo

Hoy salí a caminar con Jorge. Caminamos nuestros acostumbrados 40 minutos. Después de la caminata llamé nuevamente al Domingo Luciani, y hoy sí tenían el Oxaliplatino de 50 mg.

A las 10 a.m. sería el acto de imposición de medallas de Mariana mi sobrina, que se gradúa de médico. Como sabemos que esos actos son bien largos, no salimos tan temprano. Nos fuimos a las 10:30 y cuando llegamos y pudimos sentarnos en el balcón del Aula Magna (el patio estaba lleno) estaba el Decano de Medicina terminando sus palabras, y comenzó propiamente el acto de imposición de medallas de los graduandos de la Escuela Luis Razetti.

Juan Carlos, mi hermano, y Miriam, su esposa, impusieron la medalla a su retoño. Él es profesor jubilado de la Facultad de Ingeniería, y ella, profesora de la Facultad de Medicina. Las fotos salieron a duras penas, pues como dije antes estábamos en el balcón. En la primera están ellos sentados detrás de las autoridades, con los demás padres y abuelos (había algunos) que impusieron las medallas a sus graduandos. En la otra, Miriam recibe del Decano la medalla y se dispone, junto con Juan Carlos, a imponérsela a Marianita. Momento muy emocionante, como podrán imaginar. Hubo un intermedio con la actuación de la Coral de la Escuela de Enfermería. Luego de la parte musical, continuaba el acto con los graduandos de Enfermería. Cuando vimos que parte de los graduandos que ya habían recibido sus respectivas medallas estaban saliendo de la sala, bajamos a ver si podíamos ver a Mariana. No la vimos en las afueras del Aula Magna, y entramos al patio a buscarla. No la veíamos, pero ella sí nos vio a nosotros y se nos acercó. Salimos, nos abrazamos con ella y tomamos unas fotos, en el momento en que por el sistema de sonido estaban llamando a los graduandos a regresar a sus puestos para poder continuar el acto. ¡Les salió regaño! Nos parecía muy raro que abandonaran sus puestos cuando estaban todavía imponiendo las medallas a graduandos de otra escuela. La correíta con la que salgo en la foto no es de la bomba de infusión: estoy en la semana de descanso; es del estuche de la cámara fotográfica.

Salimos del acto como a la 1. Pasamos por el apartamento a cambiarnos antes de ir al Domingo Luciani a buscar mi Oxaliplatino. Allá atienden hasta las 3 pm. Cuando llegamos, como a las 2 y cuarto (había bastante cola en el camino), vimos más gente que nunca. Después supimos que se debía a que además de los pacientes que iban a buscar sus medicamentos, estaban los que, como yo, iban a buscar los que faltaron cuando retiraron los de su ciclo anterior. Afortunadamente, la primera cola, la que se hace para pasar por las computadoras donde imprimen la orden para la farmacia, se movía rapidísimo. La cola para la farmacia también tenía mucha gente, pero nos tranquilizó saber que la farmacia atiende mientras haya pacientes con sus órdenes en la mano, sin importar la hora. Es en las computadoras donde cierran a las 3.

Fuimos al Arabito a comprar kibbe y falafel para hacernos unos sandwiches árabes para el almuerzo (bien tarde).

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Día 10 del noveno ciclo

Hoy tenía reunión en la Dirección de Informática de la UPEL, pero al convocarme me habían advertido que pocos habían confirmado su asistencia y me sugerían llamar antes de salir para allá por si acaso. De todas maneras, me convenía ir para conversar con el administrador de la red para tratar de resolver unos problemas todavía pendientes en la instalación del Registro de Investigadores (RAIP-UPEL). Poco después de las 8 insistí con la farmacia del Domingo Luciani, y todavía nada que llega el oxaliplatino. Más tarde llamé a Informática y me dijeron que habían confirmado varios, y me fui para allá.

Llegando a la Dirección de Informática la reunión no había comenzado formalmente, así que saludé y me acerqué a la oficina del administrador de la red y conversamos sobre los problemas todavía no resueltos y logramos entender la causa de ellos. Tuvimos que hacer algunas modificaciones en la base de datos, y la cosa funcionó. Falta hacer todavía algunos cambios, pero ya entendimos dónde estaba el problema. Ya por eso valió la pena el viaje hasta Catia (la Dirección de Informática está en un edificio de oficinas de la UPEL que está al lado de la estación de Metro Pérez Bonalde).

A la reunión finalmente no fuimos muchos, pero adelantamos algo. Posiblemente tendré que ir a Rubio (Estado Táchira, donde funciona uno de los ocho institutos pedagógicos de la universidad) a presentar junto con otros de los miembros de la Comisión para la Virtualización Académica de la UPEL el proyecto para la implantación de una plataforma para la administración de cursos en línea. Algo en lo que la UPEL está retrasada, y que es sumamente importante para una universidad como la nuestra que está tan dispersa por todo el país.

Conseguí algo de cola regresando a casa, pues había una calle cerrada en Los Chaguaramos debido a unos trabajos. Eso me demoró y llegué después de la una. A las tres tenía que dejar a Carmen en el odontólogo (el Twingo, el carro que ella maneja se lo llevó Diego porque a su carro le tocaba hoy pico-y-placa en Baruta). Comí unas caraotas que Carmen preparó, mientras ella se bañaba (ya había almorzado con Jorge).

La dejé, pues, en el odontólogo. Ella llamaría a Jorge cuando hubiera terminado para que la fuera a buscar. Seguí para mi clase de Finale: no podía volver a embarcar a mi alumna.

martes, 13 de noviembre de 2007

Días 8 y 9 del noveno ciclo

Lunes 12/11 (día 8)
Hoy no salimos tan temprano para el laboratorio. Desayunamos en casa (para la hematología no hace falta que vaya en ayunas) y fue un error. Llegamos pasadas las 8, había mucha gente en cola y la caja se demora mucho para procesar los pagos. Terminaron tomando mi muestra de sangre a las 9:15. Me ofrecieron los resultados para las 11, y mi cita era a las 10:00. De todas maneras la Dra. Vivas (sigue de vacaciones la Dra. Arbona) me recibió a las 10 y poquito. Me examinó, me encontró muy bien y me dijo que cuando tuviese los resultados se los entregara a Lourdes, en la recepción, y esperara a que ella los viera para decidir si tenía que inyectarme otro Granocyte. El peso se mantiene: trescientos gramos más, pero eso es fácilmente lo que pesa la faja que estoy usando.

Como a un cuarto para las 11 pregunté por los resultados y ya estaban listos. ¡Están muy bien! Todos los valores subieron. Las plaquetas, por ejemplo, pasaron de 122 a 168. Los neutrófilos, de 34 a 59. Es que además del Granocyte que me puse el viernes, pasé la semana tomando caldo de sardinas que, además, es más sabroso que el de pat'e pollo. Entregué los resultados a Lourdes, y unos minutos después, Alicia, una de las enfermeras me dijo que no hacía falta otro Granocyte por ahora.

Al salir, fuimos a comprar una camisa para Diego para complementar su regalo: le teníamos una caja de herramientas para su Jimny. Él es fanático de la mecánica, y cuando hace falta, y puede, se pone el mismo a reparar o a hacerle mantenimiento a su carro. Cuando lo hace, por supuesto, sube al apartamento hecho una bola de grasa.

Al regreso, adobé y metí al horno tres catalanas que tenía en el congelador desde hace unos días. Sal, limón, unos dientes de ajo machacados y un poquito de hierbas de Provenza. Nunca las había preparado, pero recuerdo que mi mamá las hacía con frecuencia hace tiempo y me gustaban mucho. Se veían tan bonitas en la nevera de la pescadería, que las compré para probar. Valió la pena: quedaron muy ricas con el ajo y el perfumito de las hierbas. La piel de las catalanas es bastante firme y, una vez cocida, sale completica, quedando a la vista toda la carne.

Martes 13/11 (día 9)Hoy es el cumpleaños de Diego. Carmen y yo nos levantamos junto con él para felicitarlo, cantarle cumpleaños (bajito para no despertar a Ónix y Jorge) y darle sus regalos. Estaba como muchacho con juguete nuevo con su caja de herramientas (también decimos en Venezuela como muchacho comiendo moco, je je). La camisa también le gustó mucho y se la puso de una vez para ir a trabajar.

En la madrugada había hecho mucho frío. Jorge y yo (Carmen se sentía medio griposa) acordamos ir a caminar más tarde. Fuimos como a las 10, y fue más agradable que más temprano porque hay menos circulación de carros por donde caminamos. Esa ruta hacia el Club Táchira pasa por el CEAPUCV, que es el colegio de los hijos de los profesores de la UCV, y entran y salen muchos carros llevando a los chamos al colegio. Caminamos nuestros 40 minutos, y voy notando que en el mismo tiempo cada vez voy llegando un poquito más lejos. Antes de llegar a la casa me paré en el supermercado Sol Carioca que está aquí cerca a comprar pollo para un arroz con pollo al curry que prepararía Carmen para el almuerzo.

Sigo llamando diariamente a la farmacia oncológica del Hospital Domingo Luciani para saber si ha llegado el Oxaliplatino de 50 mg. Nada hasta ahora.

Después del almuerzo, hice una siestecita (a veces me da mucho sueño en la tarde), y al levantarme fui a comprar algunas cosas para la celebración del cumpleaños de Diego. Entre otras cosas compré una champaña (para ser correcto: un espumante) Pomar Brut. Este año no hemos perdido ocasión de brindar por todo lo que se pueda, y el cumpleaños de Diego es una ocasión tan buena como las anteriores.

Vinieron varios amigos, los papás de Ónix... Mi mamá llamó para avisar que no vendría porque estaba algo adolorida de la cadera, aunque sabemos que le dolía más no acompañar a Diego en su cumpleaños que los mismos huesos: Diego es su nieto favorito, aunque Valeria dice que es Carla, su hermana. Le guardará para el sábado el quesillo que le hizo (espero que sea de queso, que los hace deliciosos).

domingo, 11 de noviembre de 2007

Día 7 del noveno ciclo

Hoy domingo los muchachos se fueron con sus muchachas (Jorge y Ónix, Diego y Raiza) a la playa con escala en Galipán para desayunar. Carmen y yo nos quedamos realengos. Fueron en el Jimny de Diego. Arriba desayunaron con hallacas porque no quedaban bollitos (¡pobrecitos!), y completaron con sandwiches de pernil. Pasaron el día en la piscina y antes del regreso pararon en Punta Iguana para almuerzo-cenar.

Nosotros desayunamos en casa con pan de jamón y café (¡sin regaños, por favor, que ambos estaban muy buenos!), leímos muchos periódicos, me terminé de poner al día con el blog, Carmen bañó y mimó sus orquídeas: aquí pueden ver dos fotos de sus hijas que han florecido más recientemente. ¡Flojeamos bastante!

A propósito de los periódicos del domingo, está saliendo desde hace algunas semanas en El Nacional una sección (página 2 ó 3 del cuerpo Ciudadanos) llamada Caracas a pie, en el que cada semana se presenta una urbanización o sector de la ciudad con sus valores arquitectónicos, tiendas, restaurantes, panaderías y otros sitios de interés. Ya han sacado cuatro, que yo sepa: Sabana Grande, San Bernardino, Petare y esta semana, Colinas de Bello Monte. Está bien bueno para hacer turismo interno. Incluye el plano del área que se presenta cada vez.

Buscamos alguna película en función tempranera para ir sin mucha gente. Encontramos un par de películas venezolanas en una sola función: Ni tan largos, ni tan cortos, compuesto por dos historias, un thriller de terror titulado Larga Distancia y Mayor o menor, una comedia romántica. Nos gustó más la segunda, ¡bien divertida! Aquí encontrarán un comentario.

Ya a la salida del cine no encontrábamos dónde comprar unas papas para acompañar un pulpo a la gallega que pensábamos hacer para almuerzo-cenar también nosotros dos (sin tener que ir al Excelsior Gama de Santa Fe). ¡Lástima no poder acompañarlo todavía con un vino blanco bien frío! Encontramos las papas en una frutería de una pareja de portugueses que está en Los Chaguaramos. Como a las 4:30 todavía estaban abiertos hoy domingo. Compré también una lechuga, para una ensalada árabe con pan de pita tostado y queso chanclich. El pulpo siempre lo hemos cocido simplemente poniéndolo en un caldero tapado a fuego bajo y dejando que se cueza en el propio jugo que va soltando, sin nada más de agua ni sal (si acaso al probarlo al final le falta, le agrego un poquito). Sé de gente que dice que hay que remojarlo en agua con ceniza para que ablande, o que hay que golpearlo, pero así como lo preparamos queda muy bien. Después del que probamos hace semanas en La Cita me quedé con la idea de que puede ser más suave todavía, así que esta vez lo pusimos en fuego mínimo (nuestra cocina es eléctrica y una de las hornillas tiene la opción simmer, que permite que el fuego sea todavía más bajo). ¡Quedó tiernísimo!, tal vez un poquito menos que el de La Cita, pero ¡casi!

sábado, 10 de noviembre de 2007

Día 6 del noveno ciclo

Hoy no fuimos al chi-kung. Nos quedamos en casa, Carmen lo prefirió por las marchas, remarchas y contramarchas que habría el día de hoy. Decidimos no cocinar, sino aprovechar las lentejas con acelgas que quedaron de ayer, y el atún que Diego y Ónix no se llevaron para sus almuerzos del viernes.

En la tarde salimos al Centro Comercial Paseo El Hatillo. Carmen quería dar una vuelta por allá, comprar tal vez un regalo para Diego (cumple años el martes), y otro para Mariana (mi sobrina, hija de Juan Carlos) que se gradúa de médico el viernes.

Yo recordaba que se estaba celebrando un festival de Jazz en el Hatillo y que posiblemente hubiese un concierto en ese centro comercial. Después de dar unas vueltas y comprar algunas cosas, fui a averiguar, mientras la Carmen se comía un helado 4D de pie de limón, su sabor favorito. En eso me encontré con Álvaro Paiva, director de Cabijazz y del Ensamble Kapicúa. Se estaba preparando para actuar allí mismo con esta última agrupación. Álvaro fue mi alumno de guitarra clásica hace varios años en la Escuela de Música "Pedro Nolasco Colón", antes de irse a seguir su formación en la Manhattan School of Music de Nueva York. Por supuesto que nos quedamos al concierto. Fue un poco incómodo al principio por lo ruidoso del espacio. Después, uno se va olvidando del rumor del ambiente, los oídos se enfocan mejor y se puede disfrutar de la música. Nunca había escuchado a Kapicúa en vivo. Los conocía a través de un CD que Álvaro me regaló. Es un ensamble de alta calidad que combina las raíces venezolanas con un tratamiento discretamente jazzístico, usando improvisaciones que no son exclusivas del jazz, en realidad: muchos géneros venezolanos la usan también. Piénsese en el arpa llanera, en los estribillos orientales, en la riqueza improvisativa del arpa mirandina. Álvaro, en la guitarra mantiene una precisa y rica base armónica, improvisando ocasionalmente, mientras Jorge Torres en la mandolina y Edward Ramírez en el cuatro (miembro también de C4 Trío) llevan usualmente la voz cantante, e improvisante también. Los acompañó estupendamente en las maracas Alberto Requena, supongo que como invitado, pues en el sitio web del ensamble figuran sólo los tres mencionados anteriormente.
Dos fragmentos de la música de Kapicúa, ambos de Jorge Torres (tomados de su sitio web)
El otro Jordan, una gaita de tambora:


y El Toquitoca, un joropo oriental:

viernes, 9 de noviembre de 2007

Día 5 del noveno ciclo

A las 7 salimos a caminar Carmen y yo. Como Jorge iba a llevar a Ónix a un evento que iba a ser en el Auditorio del Jardín Botánico, él aprovechó de ir a caminar allá.

Desde el lunes he estado llamando a la farmacia oncológica del Hospital Domingo Luciani para saber si ha llegado el oxaliplatino que no había el pasado jueves cuando me entregaron el resto de los medicamentos. He estado preguntando por las ampollas de 50 mg. No sabía que hay también de 100. Quien me atendió por teléfono me dijo que podría pedir a mi médico (en este caso, la Dra. Vivas en ausencia de Esther Arbona) que me dé un récipe por 4 ampollas de 100 mg, en lugar de las 8 de 50. Llamaré a la farmacia el lunes, antes de la consulta, a ver si ha llegado. Si no, pediré a la Dra. Vivas el nuevo récipe.

Fui al banco a cobrar un cheque y a comprar algunas cosas que hacían falta para el almuerzo: una sopa árabe de lentejas con acelgas que nos gustan mucho. Pasé por tres supermercados y no conseguí las lentejas. Menos mal que teníamos unas rojas pequeñitas que no queríamos usar para esta sopa porque se deshacen mucho: vienen peladas y partidas como las arvejas, pero no quedaron mal. La sopa lleva también cortaditos de pasta, jugo de limón, aceite de oliva y cilantro.

En la tarde, le eché un embarque a mi alumna de Finale. La semana pasada me había pedido que nuestra clase de hoy fuese a las 3:30, en lugar de las 4, porque tenía una ceremonia en su iglesia, y lo olvidé por completo. Además, apenas estaba en una cola en Las Mercedes cuando ya eran las 4. La llamé, con mucha pena, para cambiar la clase de hoy para el próximo miércoles, y en eso quedamos.

Regresando, naturalmente, pasé por Licores Unidos para buscar algunas cositas buenas para la cena del viernes.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Día 4 del noveno ciclo

Hoy, después de caminar, dejamos a Ónix en el metro de Ciudad Universitaria y acompañé a Jorge a llevar su carro al taller, para que no tuviese que subir caminando desde Santa Mónica (viviendo en la montaña no tenemos muchas facilidades de movimiento cuando no tenemos carro). Seguimos a la pescadería del Conde a buscar atún para el almuerzo. Compré también unas catalanas que estaban bien bonitas para hacerlas al horno (le preguntaré a mi mamá, pues nunca las he preparado). Luego, estuve trabajando el resto de la mañana en las últimas actualizaciones del sitio web de la XIV JAI.

El atún lo preparó Carmen, como lo hace con cierta frecuencia, con una bechamel con cebollín, albahaca y cilantro. Le queda riquísimo.

Después de almorzar llamé a la Fundación Salud Integral para preguntar si tenían Granocyte, y cuánto estaba costando. Ha subido como 35 mil bolívares, de 285 a 320 mil. Llamé luego a BADAN, y lo tenían a mejor precio. Fui a buscarlo a la sucursal de San Bernardino (Centro Comercial Galerias Ávila) y me encontré con la gran sorpresa de que no sólo lo tenían a mejor precio, sino que tenían una promoción de 2 x 1 (la fecha de vencimiento es de enero 2008, supongo que es por eso, pero yo los necesito hasta diciembre), de manera que por los cuatro que necesito, pagué el precio de dos.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Días 2 y 3 del noveno ciclo

Martes 8/11 (día 2)
Hoy amanecimos sin electricidad. Desde que Diego se levantó a las 6:30 ya no había. Estuvo esperando un rato para poder bañarse con agua caliente, pero más tarde ya no subía el agua. El problema fue general en buena parte de Colinas de Bello Monte. Yo hice café para él y Carmen con una cocinilla de camping, y después mi té verde, mientras él iba a buscar unos pastelitos a la panadería, pero el horno es eléctrico y no tenían nada, porque estaban sin luz también. Se bañó como los gatos y se fue a su trabajo.

Como mi terapia ayer no terminó tan temprano, no teníamos apuro para ir a la clínica. Lisbeth me dijo que fuera como a las 11. Esperamos a ver si llegaba la electricidad para bañarnos, pero nada que llegó. A las 11:30 me estaban conectando a mi suero. Más tarde llegó alguien con una crema de vegetales para su mamá, y se veía bien buena. Le pedí a Carmen que me buscara una en el restaurante de la clínica. Estaba buena, pero demasiado simple de sal (no es que no me sabía salada a mí. Carmen estuvo de acuerdo).

Salimos como a las 2 (Jorge nos dijo por teléfono que no había llegado la corriente todavia) y fuimos a El Arabito en Sabana Grande a buscar unos sándwiches para el almuerzo. Pensábamos comprar de falafel y kibbe fritos, pero como sí había chanclich, el queso árabe con especias, optamos por él para hacer los sandwiches en casa. Así comemos con menos grasa que con las frituras.

Miércoles 9/11 (día 3)
Hoy fui temprano (9 a.m.) a retirarme la bomba de infusión. ¡Se acabó el noveno! (parece que habláramos de beisbol). En la tarde fui al Pedagógico a cobrar mis honorarios por el sitio web de la XIV Jornada Anual de Investigación, y me encontré con varios de los amigos del Departamento de Arte y conversamos un buen rato (¡sí, me tomé un marroncito que estaba bien bueno!). También pude ver las obras plásticas que están preseleccionadas para la exposición 35 x 35, en conmemoración del XXXV Aniversario del Departamento que se celebra este año. Son obras exclusivamente en ese formato: 35 cm x 35 cm, empleando diversas técnicas. Ya es tradicional en cada aniversario redondo, las exposiciones 20 x 20, 25 x 25, etc. Pensaba que camináramos en la tarde, pero se me fue el tiempo con los panas, y llegué como a las 7 a la casa. Esta semana he caminado sólo el lunes: prefiero no hacerlo mientras estoy recibiendo la medicación.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Día 1 del noveno ciclo

Como la cita de hoy era a las 10 a.m. y los exámenes me los hice ayer, fuimos a caminar a las 7, nos bañamos y desayunamos, y nos fuimos a las 9 para la clínica. Ya sabíamos que no estaría la Dra. Arbona (está en un congreso y empatará con sus dos semanas de vacaciones), y que probablemente sería la Dra. Lilian Vivas quien me atendería. Así fue. Recogimos los resultados en el laboratorio: las plaquetas volvieron a bajar: a 122. Los demás valores bajaron también ligeramente. Como a las 11 me llamaron a la consulta. La enfermera me pesó: 91 kg, me tomó la tensión: 12/9, y la temperatura (en el oído): 36,6. La Dra. Vivas me hizo el examen físico. Me encontró bien, y me recomendó usar una faja para prevenir que la eventración pueda agravarse. Así lo haré. Al revisar los resultados del laboratorio, hizo el cálculo global de las defensas, y estaban apenas por debajo del límite. No hizo falta alterar mi quimio de esta semana (si fuesen demasiado bajas podría tener que reducir la dosis o, en casos extremos, suspenderla). Me dijo que pareciera necesario ponerme uno o dos granocyte por ciclo hasta el final. Vamos a empezar con uno que debo ponerme el viernes. Con el resultado del laboratorio del próximo lunes veremos si basta con uno o me pongo dos para el siguiente ciclo.

Salimos de la unidad de quimioterapia a las 4. Almorzamos en el restaurante de la clínica. Ambos tomamos sopas de cebolla y yo me comí un filete de róbalo. No estaba tan bueno como en otras ocasiones, pero aceptable.


En el post del domingo olvidé comentar que al preguntar por Postales de Leningrado, la película venezolana, en la venta de quemaítos de las Tres Gracias, la vendedora me contestó: "No, esa es venezolana". Repregunté: "¿y eso qué quiere decir?", "Que no la podemos vender hasta 6 meses después de que salga de cartelera". Quiere decir, digo yo, que hay una cierta legalidad en la que yo creía total ilegalidad de los vendedores de quemaítos. Quiere decir también que alguien parece fiscalizar lo que se vende allí, entre tanta piratería, y que permite piratear libremente las películas extranjeras, pero controla que no se venda las venezolanas "hasta 6 meses después de que salgan de cartelera". ¡Qué extraño!, ¿no?


Claus: en el post de ayer mencionaba las arepas, ¿las conocés?

domingo, 4 de noviembre de 2007

Día 14 del octavo ciclo

Hoy fui al laboratorio de la clínica La Floresta. Los exámenes previos a cada sesión de quimioterapia son algo más completos y demoran más que los de la semana de descanso, en la que se trata solo de hematología. Los otros incluyen también transaminasas y creatinina. Llegamos allá pasadas las 9, con la intención de desayunar (¡siempre pendiente de la comida!) en Las Corocoras en el Parque del Este, o en Arepa Factory, a la que hace tiempo que no vamos. No contábamos con la marcha en apoyo al sí, por la que estaba cerrado el paso atravesando la Av. Francisco de Miranda.

Decidimos entonces regresarnos hacia Santa Mónica, donde hay una Arepería de 24 horas, donde alguna vez habíamos comprado arepas para llevar. La experiencia esta vez no fue tan buena. Ya no se parece tanto a lo que describe Miro Popic en su guía. Carmen pidió una arepa con cazón. El relleno no estaba tan mal, aunque un poco seco. Las arepas son grandotas y muy gruesas, y estaban algo crudas en el centro (la mía también). Yo pedí el desayuno de la casa: un huevo frito (casi cruda la yema), caraotas (para mí, le faltaba un poco de cocción, estaban firmes en lugar de cremosas), carne mechada y queso a la plancha. Los cafés (desayuno de domingo) no eran marrón claro como los pedimos sino muy oscuros, pero además de eso tenían ese cierto sabor ácido que a veces tienen los cafés de máquina mal hechos, así que pedir que le pusieran más leche no iba a resolverlo todo. Me tomé dos o tres sorbos apenas (después fuimos a una panadería donde sabía que hacen buen café para tomarme un marroncito claro y no quedarme con las ganas). Lo peor es que a la terraza donde estábamos, a ratos llegaba un olorcito de basura nada agradable. Había mucha gente, eso sí.

Pasamos por Licarch, el supermercadito de Los Chaguaramos al que vamos con frecuencia desde que Jorge y Diego estudiaban en el Colegio Aquiles Nazoa, allí cerca. Compramos una bandejita de salmón ahumado, perejil y un paquete de fettucini para preparar, evidentemente, fettucini al salmón. Necesitábamos también crema, pero lo más parecido que encontramos fue una especie de leche evaporada, que decía que tenía grasa vegetal. Por supuesto que no la compramos. Usamos una lata de leche evaporada de verdad que teníamos por ahí, y terminamos de espesar la salsa con una cucharadita de maicena (pero eso fue como a las tres de la tarde).

Antes de regresar a la casa pasamos por el supermercado de quemaítos en la Plaza Las Tres Gracias, a la salida de la Universidad Central de Venezuela. Compré (¡qué pena!) Las vidas de los otros, una película alemana, Premonition, un thriller con Sandra Bullock, La Invasión, otro thriller con Nicole Kidman, y Hairspray, donde John Travolta hace de una bailarina más que entradita en carnes.

Larga lectura de El Nacional. En la revista Todo en Domingo apareció un reportaje de Rosanna di Turi sobre Santi Santamaría, de quien Miro Popic hacía un buen elogio en Tal Cual del viernes pasado (incluí un extracto en la entrada Días 9 y 10 del octavo ciclo):
Las convicciones bien asadas de un chef tres estrellas
¿Vieron la página de su restaurant Can Fabes?

En la tarde vimos Las vidas de los otros. Nos gustó mucho, es una película bien interesante. Algo que llama mucho la atención es el hecho de que los ciudadanos alemanes tengan acceso a los expedientes que la Stasi, la policía política de Alemania Oriental, acumulaba sobre ellos. Si la película es fiel a la verdad, pueden hasta saber quiénes eran los agentes a cargo de vigilarlos, lo que pudiera permitir que alguien buscara a esos agentes para vengarse. No es lo que ocurre en la película. El final es otro, que no contaré, por supuesto. ¿Se imaginan que los venezolanos perseguidos y torturados por la Seguridad Nacional o la Digepol, tuviesen acceso a sus expedientes?

En la noche dejé listo mi paquete de medicamentos y sueros para llevar mañana a la unidad de quimioterapia.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Días 12 y 13 del octavo ciclo

Viernes 2/11 (día 12)
En la mañana no fui a caminar (lo había hecho ayer en la noche). Después del desayuno estuve trabajando un rato en la actualización del sistema de inscripciones de la XIV JAI. Más tarde fui al supermercado a buscar algunas cosas que hacían falta para una ratatouille que Carmen iba a preparar para el almuerzo. Ella la prepara a veces cuando Diego no viene a almorzar, porque si no él pregunta si no hay nada para comer que tenga papá y mamá.

Después fui a lavar el carro, que lo merecía, y me llegué hasta el boulevard de Sabana Grande a cambiar la batería del monitor de ritmo cardíaco (Polar A3) que hace tiempo que teníamos guardado. Cuando lo fui a buscar para usarlo en las caminatas, la batería estaba muerta. Tenía mis dudas, porque en la página de Polar decía que de no hacer ese reemplazo con un servicio autorizado, podría dañarse irreparablemente el monitor. Al tipo donde lo llevé le dije que yo creía que usaba una pila CR 2032, las mismas que usan las computadoras de escritorio para mantener la hora y fecha, entre otras cosas, pero el señor conocía el Polar y me dijo que usaba una pila de 1, 5 voltios que cuesta Bs. 15.000. Me la cambió y el aparatejo revivió en seguida.

Almorzamos con nuestra ratatouille, que siempre le queda rica a la Carmen, y en la tarde fui a darle su clase de Finale a mi alumna de los viernes.

Ayer había pasado con Jorge por Licores Mundiales, cuando veníamos de vuelta de buscar las medicinas en el Domingo Luciani, y compramos algunos quesitos para hoy: un pedazo de queso fetta, otro de provolone affumicato, una cajita de Sr. Maur Societé du Château, hecho en Venezuela, a pesar del nombre y de la marca. Los hace en Portuguesa una familia de apellido Castillo, de ahí sacaron el nombre du Château. Es un quesito redondo que viene en una cajita de madera. El sabor es fuerte y el olor lo es más todavía. Es de esos quesos hediondos pero sabrosos. Con éste, especialmente, me hace falta un vinito tinto para limpiar las papilas (¡ya volverá!). Hacen también camembert, y en el enlace puede verse que iban a empezar a hacer un reblochon y un roquefort, que no he visto en el mercado, a pesar de que el post es del año 2005. Más tarde en el supermercado, Jorge compró también una bandejita de bresaola, un embutido bien magro. Claro que el que compró no es la maravilla italiana que se cuenta en el blog Diario del Gourmet de Provincias y del Perro Gastrónomo, sino una copia -tal vez pálida- hecha en Venezuela, aunque no estaba nada mal.


Sábado 3/11 (día 13)
Fuimos en la mañana a la práctica de Chi-Kung. Cuando llegamos no había nadie en el lugar de encuentro. Esperamos unos minutos y apareció Isolina, otra miembro del grupo con mucha experiencia, que a veces suple las ausencias del profesor. Nos dijo que el sifu la había llamado porque tenía un caucho vacío y que no llegaría a tiempo, que empezara ella con la práctica. Esperó unos minutos más y comenzó con los cuatro que estábamos. Hicimos la práctica completa con ella, y el maestro llegó cuando ya íbamos camino al estacionamiento. Como había yo imaginado, el caucho de repuesto también estaba vacío ¡!

Almorzamos con un arroz vietnamita de un recetario viejo que teníamos por ahí. No sé qué tiene de vietnamita porque tiene lo que un arroz chino, menos los brotes de frijol, y sabe a arroz chino. La receta era con cerdo, pero lo hicimos con milanesas de pollo.


Hace días que no inserto nada de música. Aquí va una interesante versión en ritmo de merengue de A night in Tunisia, de Dizzie Gillespie, por C4 Trío, grupo conformado por tres cuatristas, Jorge Glem, Edward Ramírez y Héctor Molina.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Día 11 del octavo ciclo

Hace unos días me llegó un scanner Epson que compré por amazon.com. Siempre he pensado que comprar por esa vía es una lotería: si el equipo sale malo, hacer valer la garantía será una complicación. No por ellos, normalmente uno puede devolver el equipo hasta porque no era lo que tú esperabas, pero para devolverlo hay que mandarlo por un servicio privado, DHL, FedEx, u otro, que cobran un realero, posiblemente más de lo que costó el equipo (el scanner salió en $99,99 más el envío). Pues bien, con el scanner me saqué el premio gordo: pude instalarlo sin problema, pero al intentar usarlo, suena un traqueteo y el carro interno que tiene la luz que debe desplazarse para hacer el barrido de la imagen no se mueve. Llamé a la Epson y me dijeron que lo llevara. Fui en la mañana, aprovechando que es en La Urbina y hoy me tocaba ir a buscar las medicinas al hospital Domingo Luciani que está en El Llanito, que es bastante cerca. Allá tuve que esperar un rato mientras lo revisaban, aunque me advirtieron que no podrían cubrir la garantía, pues no fue comprado en el país. Además, si hubiera que cambiar alguna pieza, posiblemente no la tendrían porque ese modelo, el V200, no se comercializa todavía en Venezuela. Finalmente me dijeron que el problema no es mecánico sino electrónico, y que hay que cambiar la placa madre, y que no la tienen, naturalmente. Llamaré a un servicio técnico autorizado de Epson que está en Maripérez, a ver si es posible que ellos encarguen el repuesto (y si cuesta menos que lo que costaría un scanner nuevo, claro).

Volví a meter mi scanner en la maleta del carro y me fui al hospital. Allá la atención fue rápida como siempre, no había mucha gente además, pero no tenían el Oxaliplatino, que es uno de los medicamentos más costosos de mi tratamiento. Me dijeron que llamara a la farmacia oncológica el próximo lunes o martes a ver si había llegado para que fuera a buscarlo. Como mi noveno ciclo comienza el lunes tendrá Arsuve que prestármelo, para reponérselo cuando me lo den.

Preparamos para el almuerzo un pollo al curry con coco que Carmen encontró en una revista de cocina de Vanidades, que tiene unas recetas bien buenas. Quedó muy sabroso:
Ingredientes (para 2 personas):

Para la salsa de curry con coco:
1/4 de taza de leche de coco
1 cucharadita de maicena
2 cucharadas de aceite vegetal
1 cucharada de cebolla finamente picada
1 cucharadita de ajo finamente picado
1 cucharada de curry en polvo
1/2 cucharadita de pimienta
1/2 taza de caldo de pollo (le pusimos caldo de pata de pollo, naturalmente)

Para las pechugas de pollo:
4 cucharadas de aceite vegetal
2 cucharadas de mantequilla
2 cucharadas de cebolla finamente picada
1 cucharadita de ajo finamente picado
2 pechugas de pollo sin hueso
Sal y pimienta
300 gr de verduras cortadas en tiras medianas (calabacín, zanahoria, brócoli y vainitas)

Para la decoración:
Coco fresco cortado en tiras largas (no teníamos)
Hojas de cilantro

Preparación:
  1. Para la salsa, disuelve la maicena en la leche de coco y reserva. En una sartén amplia, calienta el aceite y sofríe la cebolla y el acjo por 2 minutos. Agrega el curry y la pimienta, y cocina rápidamente. Vierte el caldo de pollo y la mezcla de maicena con leche de coco. Cocina a fuego medio por 20 minutos, revolviendo ocasionalmente. La salsa debe quedar con una consistencia semiligera, de tal forma que se adhiera al dorso de una cuchara. Retira del fuego.
  2. En otra sartén, calienta dos cucharadas de aceite y derrite la mantequilla. Fríe la cebolla y el ajo por 2 minutos. Condimenta el pollo con sal y pimienta y dóralo por 12 minutos, aproximandamente. Reserva.
  3. En un wok o una sartén, calienta el aceite y saltea las verduras hasta que estén tiernas, pero crujientes. Corta cada pechuga en tiras longitudinales anchas y añádelas, junto con la salsa, a las verduras. Cocina por 3 minutos, o hasta que se hayan integrado muy bien todos los ingredientes. Sirve y decora con el coco y el cilantro.
Como no caminé esta mañana, salí a caminar a las 6 p.m. Esta vez no subí hacia el Club Táchira, sino que bajé hace la Av. Principal de Colinas de Bello Monte (Av. Caurimare). Pero, todo lo que baja tiene que subir (¿no es así que dicen?). El regreso, subiendo por donde mismo, resultó mucho más fuerte que la subida hacia el Club. Tuve que bajar el ritmo hasta que el corazón adoptara un ritmo aceptable.

¡Estoy impresionado de mi constancia con la caminata! ¡Tengo que mantenerme así por mi salud!

Días 9 y 10 del octavo ciclo

Martes 30/10/2007 (Día 9)
Salí a caminar a las 7 a.m. Esta vez Carmen y Jorge no me acompañaron.

Luego del baño y el desayuno, llevé a Carmen al Banco a solicitar una nueva tarjeta de débito, pues la anterior se la tragó un cajero electrónico. Llegamos pasadas las 9. Cuando sacó el ticket y vio que tenía 31 clientes por delante, decidió que nos fuéramos a hacer lo otro que teníamos previsto esta mañana: ir a las oficinas de Margarita International Resort Villages, donde tenemos una semana, a pagar el condominio del 2008 y a reservar nuestra semana. Las últimas veces que hemos ido, con la libertad de los jubilados, hemos aprovechado temporadas en las que no hay mucha gente en la isla, y ha resultado que la semana antes de carnaval o Semana Santa todo está limpiecito y listo para la llegada de los temporadistas la semana siguiente, y bien tranquilo. Esta vez escogimos la semana antes de carnaval, en la que cae el cumpleaños de Carmen, así que lo celebraremos por allá los dos, y al regreso de nuevo con los muchachos y sus parejas.

Volvimos a pasar por el banco, y había tanta gente como más temprano, así que hoy no era el día para ese trámite.

Al regreso la señora que nos ayuda los martes y viernes, nos tenía un pasticho que le quedó muy bueno.

En la tarde, una siestecita, algo de lectura y de trabajo en la computadora (el sitio web de la XIV JAI del IPC siempre requiere alguna actualización).


Miércoles 31/10/2007 (Día 10)
Amaneció lloviendo, así que no caminé en la mañana.
Tenía una reunión, a las 9, en la Dirección de Informática de la UPEL. Me fui hasta la sede rectoral de la Universidad, que queda en Gato Negro, dentro del Parque del Oeste, porque allí es fácil estacionar, y tomando el metro en pocos minutos estoy en la estación Pérez Bonalde, al lado de la cual queda el edificio donde están varias oficinas de la UPEL, entre ellas la de Informática. Como me lo esperaba, no había nadie todavía sino el convocante de la reunión, así que aproveché de conversar con el administrador de la red sobre la instalación de RAIP-UPEL (Registro Automatizado de Investigación y Postgrado), en el que vengo trabajando desde hace más o menos un año en un servidor de prueba y que no se ha podido instalar en un servidor de la universidad desde antes de mi operación. Ha habido dificultades para importar la base de datos en ese servidor, y por eso está trancado el proceso. El Vicerrectorado de Investigación y Postgrado, que me encargó ese trabajo, necesita que los investigadores de la universidad comiencen a registrar sus datos allí. Llevé unos archivos con la base de datos para intentar resolver el problema junto con el administrador, pero no logramos nada. Él me sugirió que instalara en mi máquina todo el sistema usando las versiones de PHP y MySQL que están usando allá, a ver si me daba el mismo problema.

En la tarde, después de almorzar, bajé de Internet un paquete llamado WAMP que instala en una sola operación el servidor web Apache, PHP y MySQL. Pude importar sin ningún problema la base de datos y la página estaba funcionando perfectamente en no más de 10 minutos. Llamé al administrador y le conté lo que había hecho. Me propuso que desde la nueva versión que había instalado, exportara la base de datos y le enviara el archivo resultante por correo para él intentar importarlo en el servidor de Informática. Espero que haya funcionado, pero no he tenido más noticias, aunque le mandé un correo preguntándole qué había pasado. Lo llamaré nuevamente, a ver si resultó.

En la tarde, a eso de las 6, fuimos a caminar a Santa Fé. Carmen me acompañó. Desde allá hay una bonita vista del este de Caracas, y a esa hora se veía impresionante un río rojo de luces, la cola de carros que van hacia Petare pasando junto al CCCT, y el río blanco de los carros que vienen hacia el oeste.


Esta semana se celebró en Caracas el VI Salón Internacional de Gastronomía, con muchas actividades, conferencias y catas (algunas con un costo millonario, como la vertical de Château d'Yquem, el más famoso de los vinos de Sauternes). Estuvo de visita el famoso chef catalán Santi Santamaría, y de él escribió Miro Popic en Tal Cual:

Santi Santamaría estuvo en Caracas. Vino, habló y convenció. Dijo que el secreto de la cocina está en cocinar, cocinar y cocinar, todos los días, la misma receta, a la perfección, y no en un show de televisión o en pasarelas de moda. No tengo cintura para ello, dijo textualmente.

[...]

Santi Santamaría
es un tío sensacional que comenzó a cocinar por necesidad y hoy tiene varios restaurantes en España con unas cuantas estrellas Michelin. Su cocina se basa en la calidad de los productos y el respeto por lo sabores originales, sin mayor intervención que el fuego y los sartenes. Es todo lo opuesto a la cacareada cocina esa llamada molecular donde todo es espumas, nitrógeno, polvos mágicos, laboratorio, etc. Razón tiene porque ¿para qué comer espuma de cocido madrileño cuando me puedo comer el cocido contando los garbanzos uno a uno?

[...]

Y la mejor manera de resumir su pensamiento está en estas palabras suyas: la verdad ocurre de los fogones al plato, del plato a la boca y de la boca al corazón.

La verdad de esta sentencia pudimos comprobarla 12 afortunados que, como los doce apóstoles, tuvimos la fortuna de asistir a un almuerzo en la propia cocina con Santi Santamaría. Por iniciativa de Héctor Soucy y Alianza Gormet, en la escuela Collectania de Los Palos Grandes, Santi estuvo cocinando, con sus dos ayudantes desde las 7 de la mañana y, nosotros, comiendo desde la 1 hasta las 6 de la tarde, un menú de 24 platos preparados uno por uno, al frente de los fogones, al calor de los sartenes, entre aromas de azafrán y papelón con limón. Todo, o casi, Santi lo había comprado esa mañana en el mercado de Quinta Crespo, lo que le dio más valor a esta extraordinaria experiencia, única en el mundo con un cocinero de su categoría, en un país como el nuestro, tan abandonado de buenas cosas últimamente.

¿Qué comimos? ¡Migas de pan, casabe, ciruelas! Veamos, por estricto orden de presentación: chips de yuca frita en aceite de oliva; arepitas rellenas con crema y huevas de salmón; casabe con laulau del Orinoco ahumado; papitas arrugadas con mojo verde; huevos de codorniz a la crema de pimientos rojos, ensalada de alcachofas, rabanitos, aguacate y aceite de albahaca; sabateras de Montseny; coliflor, anchoas y emulsión de berros; foie-gras de pato en dos cocciones; ravioli de calabaza con queso de telita y miel; migas de pan con ajo, perejil y jamón; arroz al ajo venezolano; sepieta del Mediterráneo con sofrito y verdolaga; tallarines cortados a mano con brotes de col y puerro salteado con aceite de tomillo; tripas de bacalao con pasas, alcaparras y almendras; langostinos del Delta al aroma de curry; consume de verduras y jengibre; mollejas de ternera a la canela; bacalao confitado al aceite de oliva con judías y chicharrón; pichón en su sangre con ensalada; cabrito de Cataluña lacado con cebollitas glaseadas; granizado de papelón al limón con yogurt y menta; ciruelas del Jarillo a la pimienta y helado de vainilla natural.

¡De verdad, nos llegó al corazón!