domingo, 30 de septiembre de 2007

Día 7 del sexto ciclo

Hoy nos levantamos más tarde que de costumbre, pues no iré al laboratorio sino mañana: mi cita es a las 11:15, así que hay tiempo de tener los resultados para esa hora.

Desayunamos en casa, con café (el único de la semana para mi, de resto estoy tomando té verde). Pasé la mañana leyendo los periódicos, navegando un poco en Internet y escribiendo en la computadora, y acepté la invitación de Carmen para ir al cine al comienzo de la tarde (cuando no hay mucha gente). Vimos Crimen Perfecto, un thriller con Anthony Hopkins. Bien entretenido, aunque no me gustó la música: es de esa música que ya se ha hecho norma en películas de suspenso y que termina fastidiando. Me pareció, por otra parte, que el personaje de Hopkins recuerda demasiado a Hannibal Lecter. Pero se pasa un buen rato.

Como desayunamos tarde, almorzamos al regreso del cine: una crema de arvejitas tiernas que hizo Carmen con el caldo de pata de pollo como base (ya veremos cómo se portan mis plaquetas en el examen de mañana) y una ensaladota de lechugas con queso palmizulia.

Días 5 y 6 del sexto ciclo

Ayer viernes fuimos a comer a casa del Tibu (Ronald Sosa): ¡es verdad que cocina muy bien! Allí nos encontramos con Claudio Lazcano y su novia Mariana (Claudio es otro ex-alumno, y mi amigo desde hace casi 25 años -estuvimos sacando esa cuenta mientras cenábamos. A Ronald lo conocí como dos años después). Fuimos muy bien atendidos por nuestros anfitriones Ronald y su esposa Zulima. Inicialmente, el lugar de reunión fue la cocina, como debe ser, donde Ronald daba los últimos toques al risotto de mandarina, esta vez sí con jugo de mandarina, aunque sin los gajitos. La sopa de pescado y camarones con leche de coco ya la tenía lista. Me impresionó que el risotto lo preparó sin probar ni una vez: dice que el punto de sal lo sabe por el olfato, y el de cocción viendo el aspecto pegostosito que debe tener el arroz: y tenía razón porque quedó excelente. La sopa me pareció deliciosa. ¡Voy a tener que empezar a llamar a Tibu Gran Gu de la cocina. Parece que aprendió a cocinar así, de oído, con un amigo vegetariano que prepara platos no vegetarianos para los amigos, pero que él no puede probar, así que con vista y olfato tiene que saber cuándo cada cosa está en su punto.



Hoy sábado brindamos en familia, con mi mamá, mis hermanos Ileana y Enrique con su esposa, los papás de Ónix, y Beatriz, una amiga-casi-hermana, por nuestros 31 años de matrimonio (se cumplieron el lunes 24, pero ese día no quisimos brindar con oxaliplatino no leucovorina). Brindamos por supuesto también por el fin de la terapia de Jorge y por la fortaleza que este año hemos aprendido que tenemos como familia. Preparé una bouillabaisse, plato marsellés de pescado, muy sabroso. Jorge no quiso tomar champaña porque la Dra. Arbona no lo ha autorizado todavía ¡¡!! (esta semana que terminó ella estuvo en un congreso, creo que fuera de Venezuela, así que no ha revisado todavía los últimos resultados). ¡Tendremos que brindar pronto nuevamente con Jorge! ¡Haremos el esfuerzo!

jueves, 27 de septiembre de 2007

Día 4 del sexto ciclo

Hoy tuve que acercarme de nuevo al odontólogo, después de llamarlo, para que me fijara otra de las coronas temporales que se me desprendió con el hilo dental, a pesar del cuidado que tengo al usarlo. Esto debe ser a consecuencia de lo apretadas que siento que se ponen las muelas al comienzo de cada ciclo. En esta ocasión usó un cemento más fuerte para tratar de evitar que vuelva a ocurrir de aquí a que termine mi quimioterapia. Lo hizo en un ratico entre un paciente y otro. No hubo ningún maltrato a mis encías que es lo que habría que evitar para que no se produzca ninguna infección que lamentar.



Otros párrafos extraídos de Principios de autocuración, de Norman Cousins:
Uno de los aspectos desafortunados de la educación sanitaria es que tiende a hacernos más conscientes de nuestras debilidades que de nuestras fuerzas. Al concentrar la atención sobre las cosas que pueden ir mal y preocuparnos por ellas, tendemos a cultivar una visión unilateral del cuerpo humano, y considerarlo como fácil blanco de toda suerte de enfermedades. La más importante de todas las lecciones sanitarias es que el cuerpo humano es un mecanismo maravillosamente robusto, capaz de ocuparse de la mayoría de sus necesidades. Pero sabemos muy poco de los procesos corporales que se encargan de tales necesidades. Nos hemos dejado intimidar demasiado por el dolor. Cometemos el error de equiparar dolor con enfermedad, y es muy poco lo que se dice sobre el hecho que la mayoría de los dolores pertenecen a un sistema de advertencia que nos dice que estamos haciendo algo mal. Quizás estemos comiendo demasiado, o comiendo cosas que nos hacen mal; puede ser que estemos fumando o bebiendo demasiado, o que hayamos dado cabida en nuestra vida a más congestión o tensión emocional de lo que podemos manejar cómodamente. Puede ser que en la familia o en el trabajo haya problemas que se nos escapan cada vez más de las manos.

En vez de entender el mensaje que está tratando de comunicarnos el dolor, y ocuparnos de su causa, casi automáticamente echamos mano de algún analgésico. Vuelvo a insistir en que parece que no supiéramos que podemos tener dolor sin enfermedad, o que es posible deshacernos del dolor sin tomar calmantes. Nos hemos convertido en una sociedad que por su propia cuenta se atiborra de píldoras y se automedica, y más aún: Estados Unidos va camino de convertirse en una nación de enfermizos y de hipocondríacos, intimidados por el más leve dolorcillo, y preparados para creerse lo peor. Y naturalmente, el problema de creerse lo peor, es que tiene tendencia de provocarlo.

Una educación sanitaria adecuada debería empezar por concienciarnos acerca de los magníficos recursos que son parte inherente del sistema humano. Es necesario que sepamos que poseemos mecanismos para rechazar y combatir la enfermedad. Es necesario que nos demos cuenta cabal del maravilloso despliegue de células que circulan por el organismo, detectando la presencia de invasores, informando de su presencia y de su localización a un puesto de comando situado en el cerebro y dotado de la capacidad de activar las fuerzas capaces de responder a la amenaza; que sepamos que esas células van directamente al lugar de la invasión y que emplean el sistema químico del propio organismo para combatir los agentes infecciosos o corregir los crecimientos anormales. Este bellísimo sistema puede resultar dañado por toda la automedicación que tomamos en virtud de la errónea idea de que ésa es única manera de atenuar nuestros dolores. Al tratar los efectos en vez de la causa, lo único que conseguimos es intensificar el problema subyacente.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Día 3 del sexto ciclo

¡Bueno! Ya terminó la aplicación del sexto ciclo. Ya lo que queda es descanso hasta el comienzo del séptimo, o sea que ya estoy en la mitad del tratamiento.

Esta mañana la bolsa del suero amaneció vacía completamente. ¡Claro, la aplicación el lunes comenzó mucho más temprano que en las anteriores ocasiones, salvo en el primer ciclo!

Cuando me quitaba la franela de la pijama para afeitarme, me di cuenta de que tenía una gotica de sangre en la gasa que cubre la aguja que conecta con el reservorio, y que había también un poquito de sangre seca sobre la piel, pero debajo de la venda transparente que cubre la gasa. No parecía estar saliendo más, o sea que al parecer ocurrió en la madrugada. Me había voltedo a la derecha mientras dormía, lo que no había hecho desde la primera noche con la bomba de infusión, porque en aquella ocasión me había dolido al hacerlo. Anoche no me dolió, pero supongo que de alguna forma la aguja se presionó de lado lo que ocasionó que saliera algo de sangre. Llamé a la unidad de quimioterapia, donde me atendió José Manuel. Le dije que ya la infusión había terminado, y me explicó como apagar la bomba. Le conté de la sangre y me preguntó si seguía saliendo. Al decirle que no, me dijo que fuera a la unidad para retirarme la bomba y que allá verían qué sería lo que pasó. Terminé de afeitarme y me fui para la clínica. Llegué allá como a las 10, pero no pudieron atenderme en seguida. Esperé como una media hora, y José Manuel me hizo pasar para retirarme la bomba, la venda y la aguja. Al destapar vio que la sangre había salido efectivamente por el punto donde estaba insertada la aguja y que no tenía nada que ver con el punto que se había inflamado en la herida hace dos días. Piensa también que tiene que ver con el hecho de que me haya acostado del lado derecho que es donde está insertado el catéter. No lo haré más para evitar ese problemita. Luego de retirada la aguja mantuve la presión sobre el reservorio durante un rato para evitar que pudiera sangrar más.

Más novedades en los efectos que siento como consecuencia de la quimio: al lavarme las manos en la mañana volví a sentir los pinchazos en las yemas de los dedos (ya ayer me había pasado). Lo nuevo es que la sensación persistió por unos veinte minutos. Esos efectos son debidos a la acción del Oxaliplatino. Se supone también que pueda sentir más adelante un adormecimiento en las yemas de los dedos de las manos, y también en los pies. Espero que no.
¡Excelente noticia!: el resultado del CT-PET de Jorge fue el que esperábamos y coincide con el que se hizo a mitad de su quimioterapia: "No se encontró evidencia de adenopatías activas", lo que significa que su cuerpo está libre de cáncer. Ahora tendrá que seguir con su plan de seguimiento, con las vacunas que necesitará para prevenir infecciones, etc.


Del libro de Norman Cousins que estoy leyendo, Principios de autocuración, transcribo y comento a continuación algunos párrafos:
Lo que me parecía más importante en la investigación médica reciente era el concepto, que evolucionaba rápidamente, del cerebro humano como una glándula y no como el mero asiento de la conciencia y el cuadro de distribución del sistema nervioso. Además de las endorfinas, con sus moléculas semejantes a las de la morfina, el cerebro produce varias docenas de secreciones que desempeñan un papel en el establecimiento del equilibrio físico y cumplen las funciones de farmacéutico del cuerpo.

[Este papel del cerebro como una glándula es algo que destaca Marianela Castés en sus talleres de Psiconeuroinmunología, en relación con su capacidad de enviar órdenes bioquímicas al sistema inmunológico para su activación]

Padecí el ataque cardíaco cuando tenía sesenta y cinco años, y me enseñó muchísimo sobre la robustez esencial del cuerpo humano, y en particular sobre cómo hasta un corazón gravemente dañado es capaz de autorrepararse. Me enseñó también algo sobre la necesidad de evitar los sentimientos de desvalimiento y de pánico. Me di cuenta de que la angustia y la depresión eran los principales enemigos cuando se trataba de vencer una enfermedad grave o recuperarse de ella. Aprendí que la regeneración era una fuerza vital básica y que se podía definir el progreso como lo que queda después de haberse enfrentado con un problema imposible.



El médico prudente no oculta la gravedad de la enfermedad; la presenta como un reto que reclama lo mejor que pueden dar de sí tanto él mismo como el paciente. En lugar de demorarse en todas las contingencias melancólicas, el médico ofrece un plan de batalla en el cual al paciente le cabe un papel activo, y se mantiene en estrecho contacto con él, porque sabe que la moral del paciente es parte integrante de un buen tratamiento. También le encarga una amplia lista de actividades para añadir a las demás indicaciones. La lista incluye atención fundamental a la nutrición; ejercicios físicos, en la medida en que éstos sean posibles y deseables; liberarse de todo estrés adicional que no sea el inevitable en casa o en el trabajo; la necesidad de una buena calidad de vida; maneras de combatir la depresión y la angustia, y sugerencias de participar en grupos de pacientes que pasen por problemas similares, lo que permite a cada uno entrar en posesión de poderes que jamás había soñado tener a su alcance.

Por más pequeña que pueda ser la probabilidad de recuperación, una actitud tranquilizadora es una «línea de vida» que conecta a médico y paciente en una aventura compartida. El médico prudente sabe que la tranquilidad que él infunda al paciente puede acelerar la recuperación. Sabe que la incertidumbre y la angustia que acompañan incluso dolencias leves pueden magnificar el dolor y hacer más lento el proceso de cura. La enfermedad alimenta las aprensiones y convierte el miedo en pánico, con todos los factores de intensificación de la enfermedad que este último puede producir.

[Particularmente he tenido la suerte a lo largo de este proceso de mi lucha contra el cáncer de sentir esa sensación de aventura compartida tanto con mi cirujano como -y sobre todo- con la Dra. Arbona. Recuerdo por el contrario el comentario de una vecina a quien me encontré en la espera para la consulta en Arsuve (ya mi hermano Enrique se la había encontrado en un taller de una semana con la Dra. Castés, y por él sabía que ella tenía cáncer). Me decía la amiga que se había cambiado de médico tratante, porque el anterior que la veía en otra clínica, era tan frío como un témpano. A veces ella se iba a la consulta acompañada de su hija, que es médico, y aún a la hija le resultaba incómodo preguntarle al médico por el estado de la salud de la madre, ¡tan poco comunicativo y tan desagradable era el doctor! Mi vecina estaba muy contenta con el cambio. Ahora es paciente del Dr. Sucre]



Dicho brevemente, aprendí que no es anticientífico hablar de una biología de la esperanza, o de cualquier otra de las emociones positivas. El estado emocional del paciente tiene efectos específicos sobre los mecanismos que están en juego en la salud y en la enfermedad. Por lo tanto, el médico moderno no se limita a los síntomas físicos cuando se trata de diagnosticar o de tratar una enfermedad, sino que indaga cuáles son los posibles factores emocionales o de estrés. No prescribe pensando solamente en la farmacia o en las muestras de su maletín, sino también en ese magnífico farmacéutico que es el cerebro humano, capaz de activar y potenciar el sistema de curación. La lista de emociones que configuraban la obsesión que me había llevado a la UCLA -esperanza, fe, amor, voluntad de vivir, ánimo festivo, sentido lúdico de la vida, propósito y determinación- son poderosas prescripciones bioquímicas.

[Una vez más coincide con el pensamiento de la Dra. Castés: se refiere Cousins a prescripciones bioquímicas, por el efecto que tienen esas emociones positivas sobre la activación del sistema inmunológico]

Entretanto, podemos contemplar el hecho de que no usamos plenamente nuestro cerebro. Nadie sabe cuáles son los límites de la capacidad funcional del cerebro humano. Es lógico creer que hay límites para todo, pero los investigadores que han estado indagando en esta cuestión informan que sus estudios no han revelado todavía que haya una clave de los límites funcionales del cerebro. La capacidad de reserva del mismo, por consiguiente, representa la suprema ventaja de la especie humana para enfrentar cualquier problema o reto, por más complejo que éste sea, que pueda reservarle el futuro. El hecho más tranquilizador de la vida es que la especie humana está a la altura de sus necesidades; no hay problema, por más grande o complejo que sea, que exceda la capacidad de respuesta humana. Quizá lo más significativo de todo lo que sabemos sobre el cerebro sea que permite al individuo hacer algo que nadie ha hecho antes. Mientras siga siendo así, los seres humanos somos la especie más privilegiada de la tierra.

martes, 25 de septiembre de 2007

Día 2 del sexto ciclo

Ayer olvidé comentar algunos efectos que no había mencionado, y otros que han aparecido o se han hecho más intensos con el paso del tratamiento:
  • Algo que sentido desde hace tiempo, pero al principio no lo asocié con la quimioterapia: pareciera que se produce una contracción en la mandíbula que hace más difícil meter y sacar el hilo dental sobre todo en las piezas que normalmente están más próximas. A veces, al sacarlo, el hilo se deshilacha o inclusive se parte. Lo asocio al tratamiento porque me ocurre siempre en los primeros días de cada ciclo. Y pienso que puede tener que ver también con los calambres en la mandíbula, siendo los calambres una contracción muscular. ¡Curioso!, ¿no?
  • He comenzado a sentir los pinchazos en las manos también al aplaudir con fuerza. Ayer dí una palmada fuerte al exclamar: ¡ya estoy en la mitad del tratamiento!, y sentí exactamente como cuando he tocado el hielo.
  • También lo sentí ayer en la punta de los dedos al lavarme las manos, aunque el agua del lavamanos no estaba más fría que de costumbre.
  • Esta mañana al tropezar el marco de una puerta con un dedo, tropezón que seguramente en condiciones normales ni hubiera advertido, sentí los pinchazos.
  • El calambre en la mandíbula lo sentí ayer con más fuerza que en anteriores ocasiones al comerme un dátil, justo al llegar de la terapia. Ya con el segundo no sentí nada.


Esta mañana llegué a la unidad de quimioterapia a las 9:35. Jorge me llevó y dejamos a Ónix en su trabajo, de camino a la clínica. Casi inmediatamente Vanessa me hizo pasar (no había mucha gente a esa hora). Me conectó mi premedicación y me dispuse a escuchar musiquita en mi Zen. Hoy escuchaba a Toots Thielemans (The Brazil Project) y Coleman Hawkins (Body and Soul), y leí un rato Principios de autocuración de Norman Cousins, que lo tenía abandonado por las novelas de Vázquez Montalbán. ¡Bien interesante lo que dice sobre la importancia terapéutica de la calidad humana de la relación con el médico! Mañana lo comentaré.

Terminé como a la 1 p.m. José Manuel me cambió la venda plástica porque la gasa que está debajo siempre se humedece, por sudor (anoche hizo mucho calor), y termina de mojarse con el baño mañanero, por más cuidado que tenga. El puntico que había estado inflamado hoy estaba mucho mejor.



Más música de vez en cuando me sugiere Julia:
Más de Aldemaro Romero: del disco Aldemareando de Ofelia del Rosal, Sueño de una niña grande, con la participación de Simón Díaz:

De otro disco de Ofelia del Rosal, Simón Díaz Universal, una maravillosa versión de Sabana, un arreglo de Gustavo Carucí. En el violín, Alexis Cárdenas. También es de Carucí el arreglo de Sueño de una niña grande:

lunes, 24 de septiembre de 2007

Día 1 del sexto ciclo

¡Ya estamos en el ciclo que marca la mitad de mi tratamiento!

Hoy me atendió la Dra. Vivas. Tenía algún temor de que el valor de las transaminasas obligara a reducirme la dosis de mi tratamiento. Afortunadamente no fue así. Seguimos a toda marcha. La Dra. Vivas no me hizo un examen tan minucioso como la Dra. Arbona, pero supongo que es porque tiene además de sus propios pacientes buena parte de los de la colega a la que está supliendo. Le hice ver la herida donde tengo el puntico un poco inflamado (ya está más normal). Me dijo que estaba bien.

Salí de la consulta a las 10 a.m. y de allí subimos a la sala de quimioterapia. Me atendió Vanessa. me colocó la aguja en un solo intento y con muy poco dolor, no como la última vez, ¡menos mal! Me curó el puntico de la herida. Me apretó el punto hasta que salio algo de sangre, me limpió con Povidine y me aplicó Bacitracina.

Terminamos hacia las dos de la tarde, así que llegamos a la casa a una hora mucho más decente para almorzar. Carmen había puesto ayer en olla de presión unos garbanzos, y Jorge esta mañana preparó el sofrito. También le gusta mucho la cocina, aunque sobre todo cuando lo hace con Ónix. Sólo le da algo de flojera. Total que almorzamos con los garbanzos (¡sin un choricito, qué horror!) y ensalada. Primera vez desde la operación que como garbanzos, espero que sin consecuencias que lamentar.



Los garbanzos sin chorizo me recordaron lo vivido por Carvalho en El Balneario -guardando las distancias, no puedo decir que esté sometido a algo así-, donde se encontraba haciendo un ayuno para desintoxicarse. Hacia el final de la novela (que me gustó menos que Los mares del sur), imagina cómo será su regreso a la verdadera vida. Todos los huéspedes se vieron impedidos de salir del spa, mientras durara la investigación por los asesinatos que se cometieron allí:
El final de la cuarentena coincidiría con el final de su ayuno, luego de tres días de aclimatación a la alimentación sólida, y otra vez a casa, a los guisos de Biscuter [su asistente, a quien le paga de vez en cuando cursos de cocina], o a los suyos propios, o a una peregrinación por restaurantes que había soñado, en busca de platos concretos que se la habían aparecido entre nubes rosas y de un blanco angélico.

Lo primero que haría sería dar una vuelta gastronómica a Cataluña, una suicida Grande Bouffe que empezaría por la Cerdaña, en el Hostal del Boix, en Martinet de Cerdaña; luego Can Borrell, en Meranges; el Bulli, en Rosas [la novela fue escrita hace más de 20 años, cuando El Bulli no tenía todavía el nombre internacional que tiene ahora]; el Cypsele, en Palafrugell; Big Rock, en Playa de Aro; Eldorado Petit en San Feliu de Guixols; La Marqueta, en La Bisbal; antiguas y nuevas querencias que sabían a trinxat, macarrones al romero, nouvelle cuisine perfumada por el Mediterráneo, sepias con habas tiernas, pie de cerdo con caracoles, bacalao al roquefort, arroces negros. Inevitable el arroz caldoso de la María de Cadaqués o del Peixerot de Vilanova o el del Els Perols de L'Empordà en Barcelona. Pero antes, antes se iría al Hispania y le diría a la señora Paquita: Póngame de desayunar todo lo que pueda cenar en un mes con cierta desgana, y saltaría como Peter Pan por los cielos en busca de las mesas barcelonesas de Casa Leopoldo o la Odisea o el Botafumeiro o La Dorada o Casa Rodri, en busca de conversación y paisajes gastronómicos suficientes para compensar aquel charco de caldo vegetal que le pudría el cerebro como si fuera solaje de comidas imposibles. Aquella ensalada de angulas con kiwis y jamón de pato. Los crêpes de pie de cerdo con alioli y salsa rubia. La dorada horneada entre hierbas mediterráneas y aceitunas negras. Patatas al vapor con caviar y salsa holandesa. Pimientos rellenos de mariscos prietos. Rape al ajo quemado. Ciervo con mermelada de grosellas y camembert frito con mermelada de tomate. Cada vez que abría y cerraba los ojos del cerebro, sonaba un flash hipotético que convertía cada recuerdo en una fotografía y en una promesa. Sentía que volvía a renacer en él un animal sensorial que no está dispuesto a comerse la naturaleza con guantes y pinzas. Había triunfado contra la conspiración de los virtuosos.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Día 14 del quinto ciclo

Esta mañana a las 8 fuimos al laboratorio a hacerme mis exámenes para la cita de mañana. La Dra. Arbona me advirtió que estaría fuera de Venezuela en un congreso, y que me atendería la Dra. Vivas o el Dr. Salazar. ¡Veremos quién me toca! Mi cita es a las 9:15, así que mi sexta quimioterapia comenzará temprano.

En la tarde Diego fue a recoger los resultados: las plaquetas han seguido bajando marcadamente. Los demás valores se han mantenido muy cercanos a los anteriores, algunos un poquito más bajos, otros ligeramente más altos. Los neutrófilos que habían bajado bastante la última vez subieron algo, aunque no llegan todavía al promedio que se había mantenido anteriormente. Otro valor que me preocupa algo es de las transaminasas. Subieron a un valor que nunca había tenido, por encima de los límites normales. A Jorge una vez que le subieron -más que eso- tuvieron que reducirle la dosis a la mitad por un ciclo. Espero que mi valor no sea tan alto como para tener que reducírmela a mí. Pienso que tal vez la próxima vez la Dra. Arbona pueda indicarme más de un Granocyte. Todo dependerá de los próximos resultados. ¡Ya veremos!

Desde ayer sábado noté una pequeña inflamación en uno de los puntos de la herida por donde me introdujeron el reservorio. Me apliqué antes de acostarme un poquito de Bacitracina en crema. Esta noche todavía se ve un poco inflamado.



Hoy preparé un pollo con una receta que me dio ayer mi amiga Lesbia (la cumpleañera): pollo con jengibre y cebollín: rápido, fácil y sabroso. Lleva también cebolla y pimentón. La acompañamos con cuscús (a Jorge no le entusiasma el arroz). Quedó muy bien. La repetiremos.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Día 13 del quinto ciclo

Hoy sábado fuimos nuevamente a la sesión de Chi-Kung en el Parque del Este. Tomé un desayunito ligero antes de salir (té verde y una ración pequeña de cereal integral con leche descremada). La sesión fue similar a la del sábado pasado, aunque el sifu explicó algunas cosas que no explicó la otra vez, por ejemplo que es importante mantener la punta de la lengua apoyada contra el paladar durante los ejercicios para cerrar el circuito de circulación de la energía que fluye por la espalda subiendo a lo largo de la columna y baja por delante hasta el tan tien, un centro energético del cuerpo que se encuentra ligeramente por debajo del ombligo, y de allí vuelve a empezar el circuito. El maestro no pudo traernos el DVD que le habíamos encargado con un video de los ejercicios porque no se lo copiaron a tiempo. Sin embargo, Alcira nos regaló una copia que tenía para otra persona y que no vino hoy. Con él podremos refrescar los ejercicios en casa.

Al terminar la sesión vimos que Jorge y Ónix habían llegado y vieron la última parte de la clase. Espero que el sábado próximo se levanten temprano y nos acompañen. Fuimos los cuatro a desayunar al cafetín de Las Corocoras, atendido por unos muchachos muy amables, y rodeado de verdura y de aves. ¡Muy agradable sentarse a comer allí!. Comí una omelette con champiñones con una arepita, igual que Ónix, y Jorge un desayuno criollo, ¡contundente como le gusta a él! Carmen se tomó sólo un café y probó de mi omelette.

No almorzamos porque fuimos en la tarde temprano a casa de una amiga que había cumplido años recientemente. Llevamos unos quesitos y unos arenques daneses en salsa de curry y de ajo muy ricos (no recuerdo la marca, pero se encuentran en Licores Mundiales y en supermercados como Excelsior Gama y El Patio) y una botella de vino Luis Alegre maceración carbónica, y había unas cuantas cosas más para picar (¡prudentemente!).



Todavía recordando a Aldemaro Romero. Esta semana hubo muchos programas sobre él en la radio, especialmente en la Cultural de Caracas 97.7 FM, en la que él tenía un programa diario de lunes a viernes a la 1 p.m. Durante la semana ocuparon ese espacio varios músicos y personalidades públicas comentando su obra y echando cuentos de sus respectivas relaciones con él.

Hay otro disco con la música de Aldemaro que me encanta: Jazz desde Aldemaro, producido por Roberto Obeso y Federico Pacanins en 1997, que contiene 21 piezas de Aldemaro interpretadas por diferentes artistas, todas versiones en modo de jazz. En realidad son menos porque hay tres versiones de Carretera, de otros tantos pianistas. Participan: Pedro López, Gustavo Carucí, Oscar El Negro Maggi, Andrés Briceño, Edgar Macías, Víctor Mestas, Glenn Tomasi, Junior Romero, Domingo Sánchez Bor, Alberto Lazo, Pedro López, Alberto Naranjo, Andrés Carrasquero, José Cholo Ortiz y las voces de Jenny Anzola, Biella da Costa, Rosalba León, Luz Marina, Marisela Leal y María Rivas.
Esta introducción a Amor de alquiler, de Alfredo Naranjo, es una muestra más de lo buen pianista de jazz que fue Aldemaro Romero.


De esta otra canción, Mi niño no me quiere, me parece una delicia el arreglo de Andrés Carrasquero. Canta Marisela Leal.


Por último, Dos golondrinas, un delicado valse, no de los más conocidos, interpretado por José Cholo Ortiz.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Día 10 y 11 del quinto ciclo

¡Sin novedad! El dolor ocasionado por el Granocyte no ha vuelto a molestar.

Hoy jueves 20 (día 11) acompañé a Jorge al Hospital de Clínicas Caracas, donde se iba a hacer un nuevo CT-PET (por Computed Tomography - Positron Emission Tomography). La tomografía por emisión de positrones es un examen diagnóstico que involucra la adquisición de imágenes fisiológicas basadas en la detección de radiación de la emisión de positrones. Los positrones son partículas subatómicas emitidas por una sustancia radiactiva que es administrada al paciente. Las imágenes obtenidas se usan para evaluar una variedad de enfermedades. La técnica llamada CT-PET combina esta técnica con la tomografía axial computarizada, que nos es más familiar. CT es lo mismo que conocemos en español como TAC. Su uso para detectar células cancerosas se basa en que éstas, por la mayor rapidez con que se reproducen, consumen más glucosa que las células normales, y eso es lo que se muestra en las placas. Ya le habían hecho uno a la mitad de su tratamiento (después del cuarto ciclo de ocho), y el resultado fue que los nódulos cancerosos que tenía están totalmente calcificados, es decir, inactivos. Los oncólogos hablan de respuesta completa, refiriéndose a que ha habido una respuesta completa al tratamiento. Debemos recibir el resultado el próximo martes, pero tenemos prácticamente la certeza de que será el mismo.



Como he estado siendo prudente con la comida, después de lo de la semana pasada, no tengo ningún comentario gastronómico de primera mano, pero sí de Pepe Carvalho, en Los mares del Sur (en El Balneario la comida tiene menos importancia, pues la novela transcurre en un centro de desintoxicación donde Carvalho se está sometiendo a un ayuno casi total):
[Carvalho] multiplicó las manos para puertas y cajones multiplicados, hasta disponer sobre el mármol un ejército de programados ingredientes. Cortó tres berenjenas en rodajas de un centímetro, las saló. Puso en una sartén aceite y un ajo que sofrió hasta casi el tueste. Pasó en el mismo aceite unas cabezas de gambas mientras descascarillaba las colas y cortaba dados de jamón. Retiró las cabezas de gambas y las puso a hervir en un caldo corto mientras desalaba las berenjenas con agua y las secaba con un trapo, lámina a lámina. En el aceite de freir el ajo y las cabezas de las gambas fue friendo las berenjenas y luego las dejaba en el escurridor para que soltaran los aceites. Una vez fritas las berenjenas, en el mismo aceite sofrió cebolla rallada, una cucharada de harina y afrontó la bechamel con leche y caldo de las cabezas de gambas cocidas. Dispuso las berenjenas en capas en una cazuela de horno, dejó caer sobre ellas una lluvia de desnudas colas de gambas, dados de jamón y lo bañó todo con la bechamel. De sus dedos cayó la nieve del queso rallado cubriendo la blancura tostada de la bechamel y metió la cazuela en el horno para que se gratinara. Con los codos derribó todo lo que ocupaba la mesa de la cocina y sobre la tabla blanca dispuso dos servicios y una botella de clarete Jumilla que sacó del armario-alacena situado junto a la cocina.

martes, 18 de septiembre de 2007

Día 9 del quinto ciclo

En la madrugada comencé a sentir un dolorcito fastidioso en la base de la columna. No me despertó, sino que luego de una de las levantadas para ir al baño, al acostarme lo noté. Se fue haciendo más fuerte poco a poco. Recordé entonces que en la mañana me habia puesto la vacuna de Granocyte y que a Jorge le producía esos dolores en la espalda, las caderas y las piernas. No me lo esperaba porque con la primera aplicación (día 7 del primer ciclo) no me ocurrió, pero siempre hay una primera vez, además mi cuerpo después de cinco ciclos de quimio no está en la misma condición, por supuesto. Así que hice lo que la Dra. Arbona le indicó a Jorge si había dolor: me tomé un Atamel. Se fue pasando, y pude seguir durmiendo. En la mañana lo seguí sintiendo, aunque no con tanta intensidad como llegó a ser en la madrugada. No llegué a tomarme un segundo Atamel.

Tuve que pasar en la mañana por Arsuve, a llevar algo a la Sra. Elizabeth, quien se ocupa de los trámites administrativos. Aproveché de subir a la unidad de quimioterapia a llevarle la dirección de este blog al señor que comenzaba ayer su terapia con Folfox, pues olvidé hacerlo en el momento que hablé con su hija y su nuera, y cuando regresé a entregársela, no las encontré. Hoy ya se habían ido, pero se la dejé con José Manuel, uno de los enfermeros, quien se la entregará mañana cuando vaya a retirar su bomba de infusión.



La muerte de Aldemaro Romero no fue realmente sorpresiva: venía enfermo desde hace algún tiempo, pero aún así cuesta creerlo. Es una de esas personalidades musicales que ocupa un lugar tan grande en el ámbito de la música venezolana, y jugó un papel tan importante en lo que es nuestra música popular de hoy que es difícil pensar que ya no está. Hace algunas semanas vi un album de dos CDs en Allum's en el Centro Plaza, y no quise comprarlo por lo que costaba. Hoy aproveché ese viaje a la clínica para llegarme hasta allí y comprarlo como un homenaje al Maestro. Valió la pena. Me parece que ese album es una excelente despedida musical. Contiene algunas curiosidades, entre ellas su Declaración de principios, que puede ser escuchada más abajo precedida de una anécdota muy sabrosa, junto con otras canciones cantadas por él mismo, entre ellas Mi perro, que también incluyo más abajo; el origen de la Onda Nueva en la voz de Jacques Braunstein; Angel Lozano, ¡sí, el cocinero!, cantando Señora Chabuca Granda ¡y no lo hace mal! Aldemaro toca el piano en casi todas las piezas, y participa un gentío: el Pollo Brito, María Teresa Chacín (la que menos me gusta por su voz engolada y nada natural), Alfredo Naranjo, Cheo Hurtado, Los Cuñaos, Luis Julio Toro, Elisa Soteldo, Sela (¿?), Luz Marina, María Rivas, Oscar D'León, el Goyo Reyna, Nereida y Betsayda Machado, Eduardo Manzanilla, Alfreddy Bogado, Rafa Galindo, Ofelia del Rosal, Carlos Moreán, Marisela Leal, Rodolfo Reyes y Saúl Vera, ¡un gentío!

El texto de presentación incluye el siguiente párrafo:

Esta producción discográfica presenta una buena parte de mis trabajos en el campo de la canción popular. En esta producción participan algunos de los más calificados protagonistas de ese género en nuestro país, todos buenos intérpretes del género que tan amablemente Ofelia Del Rosal bautizó como aldemarismo, definiendo así, con una sola palabra, un estilo sofisticado de la música popular venezolana, la que admito que nació de las entrañas de las creaciones de Lionel Belasco, ese pionero de nuestra música popular que por los años treinta, sin que su nacionalidad de islander caribeño fuera rémora, disparó a los cuatro vientos su refrescante e innovador mensaje de músico del jazz y del flamenco, madres fundamentales del género popular de todos los pueblos de nuestro mundo occidental. En efecto, fue Belasco quien como compositor y como intérprete dotó a la música venezolana con pasaporte internacional, sin perjuicio de los méritos propios debidos a su tipicismo, en tanto que a partir de esa hora su estilo se constituyó en modelo para aquellos que, en los albores del siglo 20, empezaban a crear una nueva música venezolana, depurándola de sus amarras europeas. Ese fue el inicio de la música venezolana como la conocemos hoy, tan atrevida, tan innovadora y tan competitiva, el resultado del esfuerzo creativo de un meritorio contingente de creadores y sus creaciones, entre las cuales ocupa un modesto lugar este estilo de música criolla tan acertadamente bautizado como aldemarismo.

Declaración de principios - Aldemaro Romero
Mi perro - Aldemaro Romero

En estas dos canciones poco conocidas, cantadas con su irreverencia de siempre, está todo su estilo, su aldemarismo. ¡No olvidar que ese piano está siendo tocado a sus 78-79 años: el disco fue grabado entre agosto y septiembre del 2006, y enero del 2007!


Aquí están las fotos de la exposición de orquídeas de la Sociedad de Orquideología del Estado Miranda.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Día 8 del quinto ciclo

¡Pues sí, la Dra. Arbona me atendió exactamente a las 9:15 de la mañana! De las próximas citas la mayoría serán alrededor de esa hora.

¡Yo te veo muy bien! es lo que siempre me dice. Le eché el cuento de mi abuso con la comida de esta semana y me miró entre divertida y regañona, diciéndome ¡Es muy bueno que tengas buen apetito! Me encontró un poquito irritado el paladar y la lengua y me indicó unos enjuagues con bicarbonato, una mezcla de Benadryl, Nistatina y Maalox, y Amosan. Jorge también tuvo que hacerlos en algún momento, aunque en su caso llegó a ser un poquito más serio, pero con eso se controló muy rápidamente. También encontró que me habían bajado los neutrófilos más de lo debido, así que me hizo poner una vacuna de Granocyte. Me explicó que los neutrófilos son responsables de la defensa contra las bacterias. De estas vacunas me había puesto hasta ahora sólo una (de cuatro que estaban previstas) el primer ciclo y todos los valores subieron muchísimo. Vamos a ver cómo estarán la próxima semana. Aunque tenía la vacuna en casa, la doctora me dijo que subiera de una vez a la unidad de quimioterapia para que me la aplicaran allí, y que la llevara para reponerla la próxima vez que fuera. Johana me la puso en un momentico.

Allá arriba me encontré con un par de señoras que habían ido a acompañar al padre de una de ellas, y suegro de la otra, a su primera sesión de Folfox, el mismo tratamiento que me están aplicando. Al señor lo operaron del colon hace poco, le extirparon también 30 cm. del intestino, y había tenido una oclusión intestinal, de la que yo sigo creyendo que me salvé gracias a un sandwich de pernil que comí regresando de un viaje a Carora, que me produjo una indigestión -a toda la familia, en realidad- pero que a mi me dejó con unos síntomas que fueron los que me llevaron a consultar con el gastroenterólogo, y a encontrar el tumor. Así que ¡si no hubiera sido por aquel sandwich de pernil, tal vez mi tumor hubiera seguido creciendo calladito hasta producirme también una oclusión!

Me preguntaron por la solicitud de medicinas en el Hospital Domingo Luciani, pues no tenían muy claro cómo era ese trámite. Les expliqué que tenían que llevar la consulta individual que se hace en la página web del IVSS, la ficha de quimioterapia que tiene que haberle dado su médico tratante, junto con el informe médico y los récipes de todos los medicamentos que va a necesitar. Les dije también que el tratamiento me había resultado bien tolerable. ¡Espero que al señor le vaya bien!

domingo, 16 de septiembre de 2007

Día 7 del quinto ciclo

Día de ir al laboratorio temprano: mañana mi cita es a las 9:15 a.m., así que esta vez sí conviene tener los resultados de antemano. Salimos a las 8 a.m. y tuvimos que esperar un rato antes de ser atendidos, pues la persona que me tomaría la muestra había subido a una habitación a tomar una muestra a un paciente hospitalizado.

Al regreso pasamos por una farmacia a comprar algo y llegamos a tiempo de desayunar con los muchachos: Ónix, la esposa de Jorge se iba a las 10 de trabajo de campo. De resto, día de leer los periódicos, ver alguna película en DVD, y no mucho más.

En la tarde Diego, cuando fue a buscar a Raiza, su novia, pasó recogiendo los exámenes. De nuevo las plaquetas y los glóbulos blancos bajaron algo, aunque menos que la semana anterior y siguen manteniéndose dentro de los valores normales. Hemoglobina y glóbulos rojos muy bien.



Terminé de leer Los mares del sur, de Vázquez Montalbán. Me gustó mucho. Además de los temas policíaco y gastronómico, muestra también la realidad política y social española de finales de los '70, y la historia es muy interesante.

Aquí va otra nota gastronómica del libro:
- ¿Qué es eso?
- Cebolla.
- ¿Cebolla en la paella? ¿De dónde has sacado eso? La cebolla ablanda el grano.
- Eso es una majadería. En mi pueblo siempre ponen cebolla.
- En tu pueblo hacéis cualquier cosa para significaros. Se puede poner cebolla a un arroz de pescado o de bacalao y hecho a la cazuela, a la cazuela, ¿entiendes?

Beser salió de estampida y volvió con tres libros bajo el brazo: Diccionario gastrosófico valenciano, Gastronomía de la provincia de Valencia y Cien recetas de arroz típicas de la región valenciana.

- No me vengas con libros de gente que no es de Villores. Morellano de mierda. Yo me guío sólo por la memoria popular.

[...]

- ¿Qué?
- Tenías razón. En la paella de los pueblos de Castellón no se pone cebolla. Ha sido un lapsus. Un catalanismo. He de volver a Morella urgentemente para un reciclaje.
- ¡Ajá! - Exclamó Fuster mientras precipitaba la cebolla en el cubo de la basura.
- Te lo dije bien claro. Medio kilo de arroz, medio conejo, medio pollo, un cuarto de kilo de costillas de cerdo. un cuarto de kilo de bajocons, dos pimientos, dos tomates, perejil, ajos, azafrán, sal y nada más. Todo lo demás son extranjerismos.

sábado, 15 de septiembre de 2007

Días 4 al 6 del quinto ciclo

El jueves 13 (día 4) bajamos Carmen, Jorge y yo, al apartamento de La Guaira a llevar un mueble que estaba aquí ocupando espacio desde hacía meses, y no habíamos tenido oportunidad de llevar. Estuvimos un rato allá armando el mueble, y al regreso paramos a comer (como estaba programado) en un restaurancito a la orilla de la playa que se llama Punta Iguana (en la guía gastronómica de Miro Popic aparece como "La Iguana"). La oferta no era tan amplia como él dice en su página, tal vez por ser día jueves. El mesonero nos dijo que los fines de semana había más variedad. Ya Carmen y yo lo conocíamos de otra vez que estuvimos allí hace bastantes meses, antes de estar pensando en quimioterapias ni nada de eso. El lugar es muy agradable y pega mucha brisa. Pedimos los tres un carite al ajillo que estaba muy fresco y sabroso. La verdad es que no había mucho más para escoger si queríamos pescado: sólo roncador.

Como en esa primera foto no se aprecia que estemos realmente a la orilla del mar, pues ahí va otra con la Carmen (y así la conocen).

Regresamos a la casa como a las 6:00 p.m. (aunque tengamos viaducto, todavía hay cola a veces en los Boquerones -antes también la había en horas pico). Carmen preparó un rato después de llegar una sopita de pata de pollo (pa' las plaquetas) que estaba congelada, con cebollín, gengibre y algo de salsa de soya, que queda muy rica. No pude tomármela porque no me sentía muy bien. Me empezó un leve malestar estomacal que más tarde se fue convirtiendo francamente en un dolor de estómago persistente y fastidioso, y que me hizo cobrar conciencia de que había abusado el día anterior con el mole: por poco picante que fuera, ¡era picante!, y rematar con el ajillo, que no es propiamente lo más ligerito para el estómago. El dolor se mantuvo bastante tiempo, sin ser insoportable. Me tomé mis dos cucharadas del antiácido que me mandó hace algún tiempo la Dra. Arbona, y que no había tenido que tomar sino una vez. Poco a poco se fue pasando y a la mañana siguiente ya estaba bien, y tratando de ser más prudente. ¡Por la boca muere el pez! ¿no dice así el dicho?



Ayer viernes 14 en la mañana (día 5) acompañé a Carmen a una exposición de orquídeas de la Sociedad de Orquideología del Estado Miranda, en la sede de Corp Group en La Castellana. Resultó que la exposición no estaría abierta al público hasta hoy sábado y, aunque ya había comenzado era sólo para los jueces que estaban decidiendo los premios para los mejores ejemplares. Afortunadamente, una señora miembro del Comité de Orquideología de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales vio a Carmen desde adentro, y como la conocía de varios cursos que ha tomado allá, y de asistir a las reuniones del Comité, nos hizo pasar como si fuésemos jueces. ¡Espectacular la belleza y variedad de plantas que había!



Esta mañana (día 6) nos levantamos temprano para aceptar la invitacion (reto, más bien) de Tibu de ir a la clase de Chi-Kung en el Parque del Este. La clase comienza a las 8 a.m. La mañana estaba fresca, y un poquito húmeda, pues había llovido en la madrugada. Nos encontramos a la entrada con Alcira, la amable tía de Tibu que hace también Chi-Kung, para que nos condujera hasta el sitio de reunión que está cerca del foso de las coro-coras. Después de esperar un rato llegó el sifu (así se le llama al maestro en las artes marciales chinas, lo que en japonés es sensei). Cuando Alcira nos presentó le expliqué que tenía tres meses de operado y que podía hacer ejercicios suaves. Me explicó que la mayoría de los movimientos de Chi-Kung lo son, pero que si sentía cualquiera de ellos más allá de mi capacidad actual, pues que no lo hiciera. La sesión duró algo más de una hora, y realmente son suaves los ejercicios: mucho énfasis en la respiración, movimientos circulares y manejo de la energía. Fue bien agradable la experiencia, además, en el marco natural del parque. ¡Volveremos el sábado!

Esperamos a Tibu para saludarlo antes de irnos: teníamos que volver a la Exposición de Orquídeas, pues ayer no había venta al público ni pudimos tomar fotos (¡se suponía que eramos jurados!).

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Día 3 del quinto ciclo

Hoy fuimos temprano al laboratorio con Jorge. Los miércoles son sus consultas semanales, aunque ésta de hoy creo que fue la última fija semanal, ya que su terapia terminó. La próxima será ya cuando tenga los resultados del CT-PET. La Dra. Arbona lo encontró muy bien. Ya hoy se tomó su última cápsula de Omeprazol, el protector gástrico, que era lo último que estaba tomando. Ya a partir de mañana ¡no toma más nada!

Mientras esperábamos sus resultados, se terminó el contenido de la bolsa de suero en mi bomba de infusión (en la foto), pero cuando ya iba a subir para que me la retiraran, se los entregaron, así que fui al salir de la consulta (siempre lo acompañamos). Hoy me la quitó Johana. Le pregunté por el dolor de ayer. Quien me insertó la aguja el lunes me dijo que el dolor se debió a que tuvo que ponérmela en el borde de la herida original de cuando me insertaron el catéter porque los pinchazos anteriores estaban un poco maltratados. Me sonó raro porque esos pinchazos son de hace muchos días. Yo creo que es más bien cuestión "de mano". Esta vez estuve pendiente otra vez de presionarme durante un rato el reservorio para evitar la gotica de sangre que me manchó el penúltimo ciclo. ¡Controlada!

De allí salimos al Domingo Luciani a buscar la Leucovorina (por teléfono ya me habían dicho que llegó). Eran como las 11:30. Me la entregaron y regresamos a Arsuve a entregar las ampollas que me habían prestado para este quinto ciclo. Las otras las guardo en la nevera para el sexto (me entregan para todo un mes, dos ciclos de aplicación).



Entre ida y vuelta al hospital ya era casi la una. ¡Hora de comer! Ayer al lavar el carro apareció en uno de los bolsillos que están detrás de los asientos delanteros un fascículo extraviado de cocina internacional "a la venezolana", publicado por El Nacional. Éste era de cocina mexicana y contenía la receta del Mole poblano. Siempre me ha llamado la atención, pero nunca lo había probado. Me gustaría prepararlo, pero me pareció prudente no hacerlo sin saber si me parecería sabroso, pues es una mezcla muy extraña -para nosotros venezolanos- de ingredientes. Así que, siendo las opciones "Tequilibrio", en la Av. Francisco de Miranda, y "Plaza Garibaldi", en la Libertador frente al Sambil, nos decidimos por el primero, pues Jorge ya lo conocía de un cumpleaños de Ónix que celebraron allí, y les había gustado. Pedimos unas "pellizcadas" y unas "enmoladas" para compartir. Las primeras como unas medias arepitas fritas (más o menos esa era la textura) cubiertas por un guiso de pollo, guacamole y crema de leche, y las otras, unos tacos de carne cubiertos por queso blanco fundido y una buena capa de mole. Todo sabroso. Después, unas tostadas de pollo para Carmen, un plato cuyo nombre no recuerdo que pidió Jorge (mañana le pregunto y corrijo el nombre) que es un guiso con carne, pollo tomate y cebolla que sirven en un bol grande de piedra volcánica muy caliente. Traen aparte varias tortillas para que el comensal las arme con aquel guiso, y el pollo al mole para mi. Antes, pregunté cuán picante era, el mesonero me dijo que no mucho, que se iba sintiendo más hacia el final, y así fue, pero realmente moderado. ¡Muy sabroso! ¡Un sabor completamente nuevo! ¿Quién puede imaginar -si no lo ha probado ya, claro- un plato que lleva, además de varios tipos de chiles, tomates, almendras, maní, pasas, ajonjolí, manzana, clavo y canela, anís, ¡chocolate! En la carta de Tequilibrio, dice que lleva más de 30 ingredientes. Ahora sí me animaré a prepararlo un día. Primero tengo que conseguir los chiles que lleva. He visto unas cuantas variedades de chile mexicano secos en Rattan Margarita. Espero que todavía los traigan. Revisaré en su página web, pues Carmen dice que se pueden encargar cosas desde aquí y nos las mandan.

Las visitas fijas a restaurantes los días miércoles comenzaron como una celebración que propuso Jorge después de cada consulta con la Dra. Arbona. Eso es algo que hasta ahora no podía comentar aquí como he contado recientemente. Además, siempre salíamos a una hora en que no nos íbamos a poner a cocinar.



No sé si a Ronald le gustará que publique esta foto aquí, de su viaje reciente a Mérida. Con ella entenderán por qué se hace llamar "Tibu"

martes, 11 de septiembre de 2007

Día 2 del quinto ciclo

Hoy fui a la segunda aplicación de este quinto ciclo como a las 2:30 p.m. Llegué más tarde de lo que me proponía (1 p.m. me había dicho Lisbeth) porque no quise irme sin comer. Como tuvimos que hacer varias cosas personales en la mañana, el almuerzo no pudo estar más temprano, y no quise llegar sin comer como ayer, que por la consulta tan tardía, pasamos comprando un sandwichito cada uno y nos lo comimos allá arriba. La aplicación terminó a las 5:30. Siempre se me va rápido, leyendo (Los mares del sur) y escuchando música (soundtracks de El Padrino I y II, y de Los Intocables, bajadas todas de Internet a través de eMule). A veces me quedo dormido, hoy creo que fue como de media hora mi cabeceada. A mi izquierda estaba una señora que he visto varias veces pero nunca habíamos hablado, sólo nos saludábamos. Me comentó que su premedicación era con un antialérgico, Benadryl, y que le fastidiaba mucho porque le produce como una angustia en las piernas, y tiene que estarlas moviendo constantemente. Cuando termina ese suero y comienza la propia quimio, se le pasa, pero el medicamento que le ponen a continuación le produce calor en todo el cuerpo.

Cuando ya Lisbeth me estaba quitando la botella de suero al final para que me fuera otra vez con mi bombita de infusión, le pregunté si no haría falta reemplazarme la venda que cubre la aguja conectada con el catéter. Yo de verdad creía que no porque me había parecido que al bañarme antes de irme no había entrado nada de agua, pues veía los bordes de la venda bien adheridos, pero no me fijé en que la gasa sí estaba mojada. Afortunadamente ella sí se dio cuenta y decidió cambiármela. El que eso se moje podría propiciar que se colara por allí una infección. Enseguida nos dimos cuenta también de que la unión de la manguerita que va al catéter con la que va a la bomba parecía estar aislada y no se atornillaba bien. Por ahí se estaba produciendo una pequeña fuga de suero. Lisbeth, entonces, puso entre ambas una especie de puente para tratar de lograr un mejor sellado de la unión, cubrió con adhesivo y quedó aparentemente bien. De todas maneras me dijo que si veía que botaba líquido, no dejara de llamar a alguno de los celulares de los enfermeros. Hasta ahora no ha botado nada. Si no lograba sellarlo, tendría que haberme cambiado la aguja por otra nueva. Yo deseaba que no fuera necesario porque ayer me dolió más que nunca cuando me la colocó.



Había amenazado con incluir aquí algo de Vásquez Montalbán. La novela Los mares del sur -la más famosa aventura del detective Pepe Carvalho, según dice en la portada- trata del asesinato de un influyente hombre de negocios barcelonés (en Barcelona vive y trabaja Carvalho). Hacía un año que se suponía que se había ido a la Polinesia obsesionado con la vida de Gauguin. Resulta que apareció muerto a navajazos en un barrio obrero de la ciudad y que nunca había viajado en realidad. No se sabe qué hizo ni donde anduvo en todo ese año, y eso es lo que tiene que investigar Pepe Carvalho. Aquí va una de las primeras referencias gastronómicas del detective, de las que hay muchas en el libro:
De esa marca no tengo.
¿Qué blanco frío tiene?
Viña Paceta
¡Venga!

Pidió unos caracoles de mar para abrir boca. El dueño le ofreció la alternativa de unos entremeses de pescado y mariscos en el que incluiría los caracoles. Después le aconsejó una dorada al horno y Carvalho aceptó porque así podría seguir con el vino blanco y porque el pescado contribuiría a que le bajaran las ojeras y mejorase el estado de su hígado. De vez en cuando le gustaba comer en Casa Leopoldo, un restaurante recuperado de la mitología de su adolescencia. Su madre estaba aquel verano en Galicia y su padre le invitó a un restaurante, hecho insólito en un hombre que opinaba que en los restaurantes sólo roban y dan porquerías. Alguien le había hablado de un restaurante del barrio chino donde daban unas raciones estupendas y no era caro. Allí entraron Carvalho y su padre. Se hinchó de calamares a la romana, el plato más sofisticado que conocía, mientras su padre recurría a un repertorio convencional pero seguro.

Bueno sí que es. Y cantidad. Veremos si es barato.

Tardó en volver a pisar un restaurante, peso siempre conservó el nombre de Casa Leopoldo como el de la iniciación a un ritual apasionante. Había vuelto muchos años después, cuando ya el restaurante no podía llevarlo el mismo hombre reflexivo y atento que les había preguntado lo que deseaban comer regalándoles la condición de clientes habituales y sapientes. Ahora es un buen restaurante especializado en pescados, en el que se mezclaba una clientela de pequeños burgueses del barrio y gentes llegadas del norte de la ciudad atraídas por algún comentario propicio. Carvalho se había puesto a régimen de pescado y vino blanco frío. Los estados de ansiedad que antes combatía metiéndose en tascas y restaurantes y pidiendo a tenor de una gula no exenta de buen gusto, los superaba consumiendo las reservas vinícolas del país en vino blanco.

Sorprendió al dueño por su sobriedad en el postre y por su abstinencia de tomar un licor después del café. Tengo prisa, pretextó. Pero ya en la puerta decidió que había obrado contra natura, contra su naturaleza. Volvió a sentarse. Reclamó la presencia del dueño y le pidió una copa doble de marc de Champagne* helado. Mientras la paladeaba tenía la sensación de que volvía a ser él mismo. El hígado. La madre que lo parió. El hígado es mío. Hará lo que yo quiera. Pidió otra copa doble de marc y decidió que por fin había conseguido la transfusión de sangre que necesitaba desde hacía días.
Ver también: Paseo gastronómico de Manuel Vásquez Montalbán

lunes, 10 de septiembre de 2007

Día 1 del quinto ciclo

¡Efectivamente! No hubo mayor diferencia entre hacerme los exámenes el domingo y hacérmelos el lunes en la mañana. Terminamos saliendo de la quimioterapia a las 5:30 p.m. ¡Claro!, mi cita estaba fijada a las 11:15, y los resultados me los entregaron a las 11:20, y a esa hora fue cuando me anuncié, así que quedé detrás de quienes ya tenían sus exámenes listos para esa hora. Para las próximas dos semanas mis citas serán a las 9:15, así que pienso que sí valdrá la pena ir al laboratorio el domingo -y desayunar en Arepa Factory, o en Saint Honoré, pa' variar (ya va Tibu a recordarme otra vez que este es un blog de quimioterapia y no de cocina. Lo que pasa es que todo este proceso me ha llevado a ser consciente de cuán importante es la cocina para mi, y a empezar a transformarme de un comelón en un gastrónomo, lo que suena mucho más digno).

En la consulta la Dra. Arbona me encontró muy bien otra vez. Todos los valores sanguíneos normales, aunque las plaquetas han venido bajando poco a poco, aunque siempre dentro de la normalidad. La cosa es que si sigo así pronto estaré por debajo. Le pregunté por la sopa de pata de pollo, y como que no cree mucho en eso. Vamos a ver si podemos demostrarle que funciona, allá todo el mundo le tiene mucha fe. Mi valor hoy fue de 173.000, y en los informes de dos laboratorios que tengo indican como normal 130.000 a 440.000 uno, y 140.000 a 440.000 el otro, aunque en varias páginas de Internet encuentro más bien 150.000 a 400.000. Tomaré mis sopitas y mi tomate de palo esta semana y veremos cómo estoy el domingo. Voy a trabajar también con las relajaciones de Marianela Castés, que deberían ayudar con el sistema inmunológico (hace tiempo que no las hago, la verdad).



En respuesta a un comentario a la entrada de los días 11 y 12 del cuarto ciclo, decía: "fuimos a celebrar en La Cita, en la Candelaria, el fin de la terapia de Jorge". Eso es algo de lo que no había querido decir nada aquí porque la abuela de Jorge -Zenobia, mi mamá- no estaba enterada de que a Jorge le fue diagnosticado en febrero pasado un linfoma o enfermedad de Hodgkin, y que había tenido que someterse a quimioterapia también por seis meses. No queríamos que algún familiar o amigo que pudiera leer eso aquí se lo comentara, con la mejor intención, y metiera la pata. Ya no hay esa preocupación porque mi hermana Ileana ya le contó. Ella estaba muy preocupada porque lo veía muy gordo y porque estaba comiendo mucho: la Prednisona que estaba tomando produce ese efecto, además de darle mucha hambre, también lo hace retener líquido y lo hincha. Lo cierto es que tanto le preguntó a Ileana si no lo veía raro, que si tenía ojeras, que si su coco pelado se veía diferente a cuando se había rapado varias veces antes..., hasta que Ileana se lo contó hace tres días. Le angustió un poco, pero no es lo mismo que lo sepa cuando ya terminó el tratamiento, con muy buenos resultados, que pasar por la preocupación que todos teníamos inicialmente de cuáles podrían ser los efectos en el organismo de Jorge, conociendo tantos cuentos de cómo la quimioterapia causaba estragos en los pacientes. Ahora sabemos que los efectos secundarios pueden ser muy bien controlados, y Jorge toleró perfectamente su tratamiento. Los resultados de sus exámenes han sido muy buenos, y el CT-PET mostró que no había ninguna actividad tumoral en su cuerpo. El CT-PET es un examen que, por medio de tomografía y un medio de contraste mide la actividad de células cancerosas a través de la absorción de glucosa. Al haber actividad cancerosa en algún lugar del cuerpo, la absorción de glucosa es mayor y eso puede verse claramente en las placas.

Al conocer el diagnóstico de Jorge, supimos que este tipo de linfoma es sumamente tratable. El llamado "no-Hodgkin", por el contrario es muy agresivo, mientras que éste responde muy bien al tratamiento. El linfoma de Hodgkin ataca los ganglios. No es operable. A Jorge se le planteó un programa de ocho ciclos de medicación de 21 días cada uno. Tuvo que ir al centro de quimioterapia de la Clínica La Floresta (donde me están tratando a mi también) a recibir quimio intravenosa cuatro veces dentro de cada ciclo (días 1, 2, 3 y 8). Allá pasaba entre 3 y 5 horas, dependiendo del día, pues las aplicaciones son diferentes cada vez. Además desde el día 1 al 14 tenía que tomar un poco de medicamentos por vía oral, y del día 15 al 21 descansaba. El plan es mucho más fuerte que el mío, porque en mi caso es preventivo: a mi me sacaron todas las células cancerosas al operarme, mientras que en el caso de él, los medicamentos tenían que matarlas todas.

La cosa ha sido más fuerte de lo que había contado hasta ahora, pero lo hemos enfrentado de la misma manera. Al conocer el diagnóstico de él nos asustamos más de lo que nos asustamos con el mío más tarde, pero nos dijimos "¡vamos a enfrentar esto y vamos a vencerlo!". Jorge ha mostrado una entereza increíble desde el primer momento, y ha trabajado intensamente para curarse. Él, que siempre ha sido un chamo sumamente despreocupado y hasta desordenado, lleva un archivo con todos los exámenes, informes, récipes, placas, etc. de su enfermedad, con un orden y una minuciosidad excepcionales. Él ha sido un ejemplo para mi: si se ha enfrentado a su cáncer de esa manera tan disciplinada, para su alimentación, para las tomas de sus medicamentos, y para todo lo demás, y sin flaquear en ningún momento, ¿cómo voy yo a actuar de otra manera? La familia toda ha cerrado filas para enfrentar la adversidad, y esto es algo que nos ha unido más todavía.

En ambos casos hemos oído que llaman a estos dos tipos de cáncer “gripes oncológicas”, por lo bueno del pronóstico después del tratamiento (así me lo ha dicho Julia, quien desde que supo de la enfermedad de Jorge nos ha ayudado muchísimo, ¡gracias una vez más!), así que pronto ambos serán recuerdos y enormes aprendizajes para todos.

Ese almuerzo del sábado en la Candelaria, y el del domingo aquí en casa, forman parte de las fiestas patronales para celebrar el fin de la terapia de Jorge, y que tendrán que seguir hasta que él ya pueda brindar con la champaña que tenemos en la nevera esperando ese momento.

Aquí está Jorge con la Dra. Arbona, el día de la primera consulta de control después de terminada la quimioterapia.

domingo, 9 de septiembre de 2007

Días 13 y 14 del cuarto ciclo

Hoy domingo decidí dejar los exámenes de laboratorio para mañana: si la idea de tenerlos el lunes temprano para pasar más pronto a la consulta no ha funcionado hasta ahora, ¿para qué dejar de dormir un poquito más el domingo? Además, hoy me disponía a cocinar para la familia (ver más abajo).



Después de contestar a los comentarios de Valeria y Tibu a la entrada anterior, me di cuenta de que lo que les escribí es lo que he debido contar aquí, así que aquí van. Naturalmente no importará que me copie a mí mismo, ¿verdad?:

Ronald (Tibu) me preguntaba por el no-sé-qué con el me infiltrarían más adelante la cicatriz de la operación. Logré recordarlo con ayuda de Internet: Kenacort, un esteroide. Aquí va un enlace sobre tratamientos para cicatrices hipertróficas o queloides.

Hemos disfrutado del fin de semana: ayer fuimos a celebrar en La Cita, en la Candelaria, el fin de la terapia de Jorge (de esto no he comentado nada hasta ahora, pero pronto lo haré). Fuimos con los Martínez, los papás de Ónix (mi nuera). Comimos todos buenísimo. Pura comida española: mucho pescado y mariscos, y un cocido gallego monumental que se metieron los Martínez. Alcancé a probar un pedacito de chorizo de ese cocido, pero comí sanito: una cazuela de mero con mariscos. Hoy almorzamos en casa con mi mamá, mis hermanos Enrique e Ileana con mi sobrino Arturo (y toda mi tropa, por supuesto), un pebre de pollo que preparé. Ya lo he hecho varias veces con una receta de una colección de fascículos de cocina venezolana que sacó El Nacional hace como dos años. La acabo de encontrar en Internet, básicamente igual. Creo que la sacaron de los mismos fascículos, mochándola un poquito. El pollo resulta con un sabor parecido al de las hallacas: Pollo al pebre. De la receta como aparece allí, yo diría que no hace falta el aceite onotado. En lugar de arroz blanco, que le queda muy bien también, lo acompañamos con cuscús.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Día 11 y 12 del cuarto ciclo

Esta mañana (día 12) fui al Hospital Domingo Luciani a buscar los medicamentos para los ciclos 5 y 6. Como había ido el pasado 15 de agosto, tenía la cuenta sacada para recibirlos hoy y no tener que pedir prestado a Arsuve. Cuando llegué allá, la persona que me atendió en la computadora me dijo que había ido dos días antes de tiempo. Pues resulta que el sistema no cuenta los 28 días del ciclo sino 30, vaya usted a saber por qué. Tuvo que consultar con el coordinador del servicio y, afortunadamente, me desbloquearon en la computadora para poder entregármelos hoy. La próxima vez me toca ir el 7/10, y puedo ir hasta 5 días antes. Si voy el viernes 5 no habrá problemas para comenzar el séptimo ciclo el lunes 8. No tenían la Leucovorina, pero me dieron el teléfono de la farmacia de allá para que llame el miércoles próximo a ver si ha llegado. Así que llevé la cavita con hielo a pasear (la Leucovorina hay que mantenerla en frío). De regreso paré en Locatel para comprar los sueros, los macrogoteros y las otras cosas de la premedicación: Dexametasona y Ranitidina.



Esta tarde tuve mi consulta con el Dr. Hoffmann, el cirujano que me operó. ¡Todo bien, también por allí! Me examinó la herida y la encontró muy bien. Como la cicatriz se ve un poco gruesa, me dijo que al terminar la quimioterapia podría infiltrármela con no-sé-qué para hacerla menos visible. Me indicó comenzar a hacer ejercicios suaves para los abdominales para ir fortaleciendo esos músculos. También me dijo que el antígeno carcinoembrionario está perfecto en ese valor.
Hablamos de mi catéter y me dijo que él los pone y los quita bajo sedación, así que lo más seguro es que me lo quite él cuando ya haya terminado el último ciclo.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Días 9 y 10 del cuarto ciclo

Hoy recibí el resultado del antígeno carcinoembrionario. El nuevo valor es de 1,5. Algo más alto que el 0,7 anterior, pero la Dra. Arbona me dijo que es un valor que fluctúa mucho. Mientras no pase de 3,5, estará bien. Ella considera esa cifra como el límite, aunque el resultado del laboratorio indica como aceptable hasta 5,0 para no fumadores, y hasta 10,0 para fumadores. El viernes se lo llevaré también al Dr. Hoffmann, mi cirujano.



Inserto aquí varias fotos tomadas en el consultorio de la Dra. Arbona. La primera es de un cuadrito que tiene detrás de su escritorio: "Jamás te des por vencido... ¡lucha hasta el final!", que me llamó la atención desde el primer día que entré allí. Me contó que ese dibujo se lo regaló una paciente hace tiempo. ¡Inspirador!, ¿verdad?







Esta otra me parece muy reveladora del espíritu que reina en el grupo Arsuve: José Gregorio Hernández junto a un libro de Oncología Clínica.

(Recordar que puede ampliarse
cada imagen haciendo click en ella)








La otra es de la pantalla en la que se ven las placas de rayos X:











En respuesta a un comentario de la entrada anterior mencioné el blog de Takeshi Nagahama, un cocinero japonés que tiene algún tiempo residenciado en Mérida, donde tiene su restaurante. El blog es bien simpático e interesante. Lean lo que dice sobre comensales impertinentes. Allí se refiere al "chefcito de ratón".

lunes, 3 de septiembre de 2007

Día 8 del cuarto ciclo

Hoy tuve mi consulta semanal con la Dra. Arbona (en la foto). Mis valores sanguíneos están perfectamente normales. Estoy esperando el resultado del antígeno carcinoembrionario, que debe estar listo para el miércoles en la mañana. Este examen me lo hicieron por primera vez antes de la operación, con el perfil pre-operatorio, y su valor fue de 0,7. Estando en tratamiento de quimioterapia, no debería haber mayor variación, supongo yo. Debo llevárselo a mi cirujano, el Dr. Hernán Hoffmann el próximo viernes cuando tengo cita de control con él (ya se cumplen tres meses de la operación).

Le consulté a la doctora algo que olvidé comentar ayer: al estirar el brazo derecho de cierta manera, cruzándolo sobre el pecho, sentí un dolorcito -como un ardor- en el lugar donde tengo el reservorio del catéter. Volví a sentirlo en varias ocasiones más, siempre al hacer ese tipo de movimiento, al quitarme la franela, al bañarme... No le dio mayor importancia. Me dijo que el reservorio se adhiere al músculo en el pecho y que con ciertos movimientos podría desprenderse un poco, lo que produce ese dolor, pero que pasará. De hecho, ya me ha molestado menos. De todas maneras trato de tener cuidado con ese movimiento.

En esta ocasión no tuvimos que esperar tanto como de costumbre: a las 12 m. ya estábamos saliendo de la consulta.



En la sala de espera comencé a leer un libro de Norman Cousins que me regaló mi hermano Enrique: Principios de autocuración. Cousins escribió antes de éste, Anatomía de una enfermedad, en el que narra su propia experiencia con la risa como medio de sanación de un grave mal que lo aquejaba. Más adelante lo podré comentar.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Días 6 y 7 del cuarto ciclo

RatatouilleAyer fuimos a ver Ratatouille, que Jorge y Diego habían visto hace ya algunos días con sus respectivas. Nos insistieron en que la fuéramos a ver en el cine, y que no esperásemos a verla en DVD. Realmente valió la pena. La calidad de las imágenes es impresionante, especialmente las escenas en la calle y en el agua del Sena. La historia es bien divertida y, para un comelón como yo, especialmente attachante, como diría Rémy, el chefcito. Aunque se trate de una película de animación, la pondría en la categoría de aquellas que rinden homenaje a la buena mesa y al placer compartido, tales como La Fiesta de Babette (Babette's feast), Como agua para Chocolate, y Big Night, menos conocida en Venezuela que aquéllas; y otra cuya referencia encontré esta mañana por casualidad que se llama Comer, beber y amar (Eat Drink Man Woman). El comentario lo encontré en un blog bien simpático de un cocinero catalán. Se llama 3 o 4 al día. Esta última película trataré de bajarla por Internet para poder verla.

Mañana iré con mi música, libros, periódicos a mi consulta semanal. Ojalá que pueda salir temprano.