viernes, 27 de enero de 2017

Ultimo control oncológico... y última entrada de este blog

¡Saludos!

De mi anterior entrada han transcurrido seis meses, y hay una buena noticia que he debido contar aquí antes: el 3 de noviembre nació mi primer nieto, hijo de Jorge, a quien he mencionado a propósito de su tratamiento por linfoma de Hodgkin. Sí, él también es un sobreviviente y su salud está estupendamente. Así como estupendamente está su hijo Pascal:

Aquí, de pocos días de nacido
Ésta, de hace pocos días
Como puede verse, está creciendo aceleradamente, y cada día está más hermoso y más querido.

Esta vida que comienza puede dar esperanza a quienes, como nosotros hace ya casi diez años, están hoy luchando contra el cáncer, sometiéndose a quimioterapia y otros tratamientos.

Seguramente les resultará esperanzador también leer que hoy tuve mi último control oncológico. No el más reciente, sino verdaderamente el último: la oncólogo, Dra. María Angelina Pérez, me dijo: "usted está perfectamente, no tiene que volver más, sino a sus controles de rutina con el gastroenterólogo y el urólogo". ¿No es una buena noticia? Eso no significa que no pueda morir de cáncer algún día, pero creo que es tan probable que así sea como de que sea de cualquier otra cosa (y espero que ese día esté muy lejano todavía. Ya lo dijo Woody Allen: No es que tenga miedo a morir, simplemente no quiero estar allí cuando ocurra 😉).

Así que ¡no abandonen la lucha, que sí es posible vencer! Vuelvo a compartir este inspirador dibujo que tenía nuestra oncólogo, la Dra. Esther Arbona -a quien tanto tiene que agradecer nuestra familia- en su consultorio:


¡Sigue luchando!, aunque mucha gente cree que un diagnóstico de cáncer es una condena de muerte, ¡no es así!: somos muchos quienes hemos superado la enfermedad y podido seguir adelante con nuestras vidas y, como lo demuestra la llegada de Pascal, dar nueva vida, así que: ¡adelante, ánimo, que sí es posible superar estos momentos difíciles!

Con esta entrada cierro, pues, este blog. A través de él compartí todo el proceso de mi quimioterapia y muchas informaciones relacionadas, recibí mucho apoyo durante aquellos días duros, di apoyo también a mi vez a quienes me pidieron alguna vez orientaciones y consejos, hice varios muy buenos amigos, con quienes conservo contacto: me encontré con Claus en Buenos Aires (y después en Caracas), con Bernardino (y Lidu) en Mallorca. Con ellos pasamos momentos inolvidables, y nos seguiremos viendo con toda seguridad.

No escribiré más en el blog, aunque seguiré recibiendo los comentarios que aquí se escriban, y los responderé también.

¡Abrazos!,
Alejandro

martes, 19 de julio de 2016

Karen Walsh: quimioterapia, buen humor y películas

Hace tiempo que no andaba por aquí: desde noviembre de 2014, así que no he contado que mi salud sigue estupendamente, controlándome ahora con nuevo oncólogo (nuestra querida Esther Arbona se fue del país hace ya casi dos años).

Vuelvo a asomarme al blog para compartir la idea de Karen Walsh, una actriz de Nueva York ("Stage IV colon cancer fighter"), a quien se le ocurrió combatir su cáncer de cólon con buen humor, y decidió presentarse a cada sesión de quimioterapia disfrazada como personajes de películas, junto con sus familares y amigos, y colgar las fotos en Instagram. Pueden verlo aquí: https://www.instagram.com/kwrandthebigwin. Algunos ejemplos:

1. Rocky

2. Los ángeles de Charlie


3. La guerra de las galaxias

domingo, 9 de noviembre de 2014

...y ahora, ¡siete!

¡Pues ya son siete años desde mi quimioterapia! En realidad cumpliré los siete de haber terminado, el 19 de diciembre, pero ya voy llegando, je je

El pasado jueves 30 de octubre tuve mi control anual con mi querida oncólogo, la Dra. Esther Arbona. Y me encontró estupendamente, como lo esperaba. A principios de mes me hice la tomografía, placa de tórax y exámenes de laboratorio. Lo hice tan temprano por insistencia de Carmen, en previsión de que pudiera haber problemas con los reactivos en el laboratorio, que hubiese alguna dificultad con el tomógrafo, y tenía razón: el día de la consulta, la Dra. Arbona nos dijo que el laboratorio tenía tres días colapsado por caída del sistema informático, y el tomógrafo también estaba dañado. Así que, si lo hubiese dejado para cuando me los hago habitualmente, se nos habría "trancado el serrucho", como decimos en venezolano.

Estaba en deuda con mi blog, y con mis lectores (¿están ahí?). Me parece importante transmitir esperanza a quienes piensan que el cáncer y la quimioterapia son siempre una condena. Y un año más de vida, de trabajo y de disfrute son algo que merece celebrarse, ¡salud!

Hace un año decía aquí que acababa de terminar el curso de certificación como Creador de Cursos en Moodle, y que pronto podría verse mi foto en la página de moodle.org. Aquí está:


Contaba también que estaba haciendo un curso en la Academia Venezolana de Sommeliers. En junio de este año nos graduamos 30 nuevos sommeliers. En el siguiente collage traté de resumir los quince meses de aprendizaje y disfrute:


Sigo, pues, trabajando, aprendiendo, disfrutando de la vida, ¡acompáñenme!

domingo, 3 de noviembre de 2013

¡Ya son seis!

¡Hace tiempo que no andaba por aquí! Escribo hoy para comentar que el jueves pasado, 29 de octubre, tuve mi consulta anual con nuestra querida Dra. Esther Arbona. Acudí con resultados de colonoscopia, TAC de abdomen y pelvis, Rx de tórax, y exámenes de laboratorio (analítica, como le dicen mis amigos españoles), incluyendo antígenos carcinoembrionario y prostático: todos excelentes. La doctora me dijo, como siempre: "te veo muy bien", y me dio uno de sus fuertes abrazos, con los que nos transmite tanto calor y confianza.

Agrego que esa tarde había una protesta relativamente cerca de la clínica y faltando media hora para la hora de la cita, viendo que había una tranca y los vehículos no se movían, decidimos estacionar el carro junto a la acera y caminar (después estimé con Google Earth que estábamos a 2,32 Km). Caminamos -casi corrimos- desde el Rosal hasta la Av. Francisco de Miranda. Como allí estaba algo mejor la circulación, tomamos un taxi. ¡Llegamos en la raya! Si perdía la cita tendría que esperar meses para conseguir otra. Al salir de la consulta, la cola seguía y decidimos caminar de regreso hasta el carro. Pues ha caído tremendo palo de agua, y llegamos empapados, pero muertos de la risa (después de la buena noticia de mi estupenda salud seis años después, no íbamos a dejar que una lluvia cualquiera nos aguara el ánimo, je je).

El pasado 2 de junio se cumplieron seis años de mi operación, y el 19 de diciembre se cumplirán seis del final de mi quimioterapia. Pero no crean que estoy todo el tiempo pendiente de esas fechas y cumpleaños. Estoy haciendo muchas otras cosas: hace ya más de un año que estoy trabajando como administrador de las aulas virtuales en una universidad en línea. Acabo de terminar un curso de certificación como creador de cursos en Moodle (MCCC: Moodle Course Creator Certificacion - pronto podrán ver mi foto también en esa página, je je). Y lo que más satisfacciones me está dando: desde noviembre 2012 estoy haciendo el curso de Sommelier (Sumiller le dicen en España) en la Academia Venezolana de Sommeliers. Creo que he probado más vinos en este último año que en mis 59 anteriores (!Ah, el 26 de junio cumplí los 60!). ¡Bueno, tal vez exagero!, pero seguro que sí una fracción importante de los que he probado en mi vida, y con mucha más conciencia, por todo lo que he aprendido. Aquí les dejo un par de fotos de las pasantías del curso:

En la inauguración de "Pekados Gourmet"
En el evento "Burbujas y Sinatra"
Creo que no había comentado tampoco que Diego, mi hijo menor, pronto cumplirá un año en Australia. En septiembre de 2012 viajó con su esposa Vanessa, quien comenzaba una maestría en Perth, y la dejó allá instalada. En los últimos días de diciembre se fue él también, después de entregar su apartamento en Bogotá y vender todo lo vendible. Están muy contentos ambos, y conociendo mucho por aquellas tierras tan lejanas para nosotros. A veces se nos dificultan las reuniones virtuales, para celebrar cumpleaños por ejemplo, por las diferencias horarias: en este momento cuando estoy escribiendo son en Caracas las 12 del mediodía, y en Perth las 12:30 de la madrugada. Como Jorge y Ónix están en Los Angeles, de donde nos separan 2 horas y media, o tres y media, según la época del año, pues ya se imaginarán que no es tan fácil que podamos coincidir, especialmente los días de semana.

¡Pues sí: ya son seis!

sábado, 14 de julio de 2012

¡Cinco años!

¡Sí, hoy hacen exactamente cinco años que comencé este blog! Y es un motivo de celebración, especialmente dado el tema "Mi quimioterapia", pues para un sobreviviente de cáncer -y para quienes me han acompañado a lo largo de este tiempo- cinco años es un hito muy importante. También cumplí el pasado 6 de enero cinco años de haber sido operado.

En estos cinco años he compartido aquí: mi tratamiento, exámenes y posterior seguimiento; consejos sobre salud, ejercicio y alimentación; libros que me ayudaron durante y después de la quimioterapia:

http://avasquezd.blogspot.com/search/label/plan%20de%20dos%20a%C3%B1os%20para%20sanar
http://avasquezd.blogspot.com/search/label/antic%C3%A1ncer
http://avasquezd.blogspot.com/search/label/mi%20vuelta%20a%20la%20vida
http://avasquezd.blogspot.com/search/label/psiconeuroinmunolog%C3%ADa

...otros libros que he disfrutado, y una que otra película; comentarios sobre comidas y restaurantes:
http://avasquezd.blogspot.com/search/label/Montalbano
http://avasquezd.blogspot.com/search/label/Pepe%20Carvalho
http://avasquezd.blogspot.com/search/label/cine
http://avasquezd.blogspot.com/search/label/gastronom%C3%ADa


Viajes: nuestras procesiones a la Divina Pastora (2009, 2010 y 2011); los viajes a Santiago de Chile, Buenos Aires, Lima, Cusco y Machu Picchu (2008); Madrid, Galicia y París (2008); Wellington, Los Angeles, San Francisco, Gran Cañón, Las Vegas (2009); Mallorca y Bogotá (2011):
http://avasquezd.blogspot.com/search/label/Divina%20Pastora
http://avasquezd.blogspot.com/search/label/viajes

En estos cinco años ha habido muchos cambios en la familia: Jorge terminó su quimio, que había empezado antes que yo, aunque no lo mencioné aquí hasta que no hubo terminado. Como he dicho antes, se recuperó muy rápidamente y al año ya estaba instalado con su esposa Ónix en Los Angeles, que era su proyecto de trabajo desde antes de ser diagnosticado. Desde entonces ha seguido estupendamente, siempre controlándose y en muy buena forma física, gracias en gran medida a la bicicleta que usa diariamente para ir y venir de su trabajo; Diego ha tenido varios cambios en su trabajo: estuvo un par de años en Maturín, con una empresa petrolera, luego pasó a Ciudad Ojeda, siempre con la misma empresa, y desde hace casi un año está en Bogotá, con otra petrolera, ahora casado (su boda con Vanessa -con quien trabajaba en Ciudad Ojeda- fue el 11/11/11).

Carmen, por supuesto, merece un párrafo aparte: durante mi quimio y la de Jorge, ella fue el soporte de la familia. Su valor para enfrentar la situación de tener a la vez un hijo y un marido con cáncer, fue algo realmente increíble. Nos acompañó a ambos a nuestras consultas y a nuestras respectivas quimioterapias, sin descanso; nos preparó nuestras sopas de pata de pollo, nuestros jugos de tomate de palo, y estuvo pendiente de todo para ayudarnos a salir de la enfermedad. El cuidado de sus orquídeas le ayudaba a abstraerse de esa difícil realidad y a lograr el equilibrio mental necesario para mantenerse en pie. Estoy convencido de que regarlas, podarlas, combatir las plagas que siempre las están acechando, disfrutar de las abundantes flores que siempre adornaban nuestro balcón, le permitía entrar en un estado meditativo y recuperarse de las angustias cotidianas. Demostró durante todo ese año 2007 que es, como decimos en venezolano "un palo de mujer".

He expresado más de una vez mi agradecimiento a mi oncólogo, la Dra. Esther Arbona, quien fue -y sigue siendo- un apoyo importantísimo por su calidad profesional tanto como humana, para Jorge y para mí. Tal vez he nombrado poco al cirujano que me operó, el Dr. Hernán Hoffman, y al Dr. Tomás Vethencourt, mi gastroenterólogo, quien me diagnosticó el cáncer, y a quien veo más de lo que quisiera, je je: casi siempre es porque tiene que hacerme una colonoscopia. A ambos les estoy también muy agradecido. El personal de la Unidad de Quimioterapia también merece nuestro reconocimiento por su incansable trabajo y dedicación: a Blanca, Vanessa y Rodolfo he vuelto a verlos de vez en cuando al ir a mis consultas de control, o al ir de visita en diciembre. De otras, como Johana y Lisbeth no estoy seguro si están allí todavía, pero igual: mi cariñoso recuerdo para ellas.

¡Y los amigos! Son ellos quienes le dan sentido a este blog: Tibu y Julia, a quienes ya conocía: el primero había sido mi alumno, y se mantiene como mi amigo desde ya hace unos cuantos años: me estimuló a adoptar mejores hábitos de vida, a hacer ejercicio regularmente, a dejar el café por el te verde (nunca podrá reemplazar éste a aquel, pero terminé tomando el te verde a diario, y el café sólo en fines de semana y en fiestas de guardar, je je), y se mantuvo en contacto prácticamente cada día de mi quimioterapia; la segunda me dio un enorme apoyo desde la experiencia que había tenido con su esposo en situación similar: mucha información, me conseguía las insustituibles cápsulas de sábila para el estreñimiento, y me transmitió la convicción de que el cáncer de colon -y el linfoma de Hodgkin, en el caso de Jorge- no son más que gripes oncológicas. Los que conocí a través del propio blog: Claus, quien llegó aquí desde Buenos Aires buscando ayuda para su amiga Carmen, quien era la que estaba enferma (la visitamos en Buenos Aires, y estuvo en Caracas hace unos meses). Bernardino, amigo mallorquín con quien he llegado a establecer una relación muy cercana. El proceso de su enfermedad fue muy parecido al mío. El año pasado lo visitamos en Mallorca, y conocimos a su encantadora mujer, Lidu, y esperamos que vengan pronto a Caracas. Otros amigos que me han escrito desde España: José Ortiz, Carmen Cano, Maika López, Eliseo Varela, de quienes hace tiempo que no sé nada, por cierto; Sol, que mantiene un hermoso blog, Sol y nubes, en el que narra anónimamente su experiencia con el cáncer de su esposo, "C", así como sus viajes, sus gustos gastronómicos y muchas cosas más. Vincenza y Emilia, desde Argentina, Jorge (Montevideo), Ana (Perú), y algunos otros nombres que seguramente se me escapan. Un abrazo para todos ellos, y me llena de alegría pensar que la lectura de este blog ha podido serles de alguna ayuda.

Mis hermanos, consuegros, cuñadas y sobrinos siempre estuvieron allí, apoyando y dispuestos a ayudar en lo que fuera: ¡gracias a todos!

domingo, 20 de mayo de 2012

FE

¿Segunda entrada en un día? Creo que nunca lo había hecho, pero quiero compartir la agradable sorpresa que me produjo al pasar por la tintorería cercana a mi casa ver en sus santamarías unas imágenes a gran tamaño de Arturo Uslar Pietri, Gabriel García Márquez y Oscar Saramago, cada una con un pensamiento del personaje:

Úslar Pietri: los grandes soñadores nunca duermen.

García Márquez: la vida no es sino una continua sucesión
de oportunidades para sobrevivir.

Saramago: los pesimistas son los que cambiarán al mundo
pues los optimistas están maravillados con lo que hay.


Al fijarme mejor, reconocí la firma de FE (Luis Bonilla -1985), un joven arquitecto y artista que desde hace un par de años viene dejando sus obras en cualquier esquina, cualquier columna, o hasta en los gabinetes de los terminales eléctricos o de teléfonos en diversos puntos de la ciudad. Ya había tomado fotos de algunas de ellas por aquí cerca, en la urbanización Santa Fe:





Estas tres últimas son tomadas del blog Caracas Street Art, y las próximas de El Universal (Las obras de Fe Caracas entran a una galería, donde se reseña la exposición que está presentándose en un restaurante-galería de El Hatillo):

José Antonio AbreuAquiles NazoaCarlos Cruz Diez
De las obras expuestas allí, no todas las ha mostrado en la calle:
Luis Bonilla asegura que Fe Caracas no es su alter ego. Es el mejor seudónimo que consiguió para identificar sus obras urbanas. "Quería identificar mi obra, no a mí. Pensé que cuando la gente viera la palabra 'fe' podría relacionarla con tener fe en un posible cambio de la ciudad, en una posible mejoría del arte urbano", afirma.

Él prefiere seguir siendo un desconocido. Ni siquiera quiere que lo fotografíen. Mientras, Fe Caracas cobra fama.
El Universal, 13 de marzo de 2012

Carta a mi tumor (de Susana González)

Ese es el título de la carta ganadora del Segundo Premio del Concurso Cartas de Amor 2012, de Mont Blanc. Es la novena edición del concurso, que se describe como un certamen de escritura creativa del género epistolar. Tuve conocimiento de ella por un correo de felicitación que dirige a la autora el director del Instituto de Medicina Tropical de la UCV, que me fue reenviado por mi cuñada Mirian. Susana González es Jefe de la Sección de Bacteriología de dicho instituto.

Es una hermosa carta de agradecimiento al tumor que padeció por todo lo que le enseñó, y por haber cambiado su vida; y sobre todo una expresión de valor y confianza, y de amor a sí misma y a sus seres queridos.
Susana González
Puede parecerte extraño que te escriba una carta de amor. Para ser honesta a mí también me sorprende un poco. Mis sentimientos hacia ti han sido siempre muy confusos, y mi relación contigo siempre ha sido complicada. Mucha gente pensaría que esta debería ser una carta de odio, de desprecio. Todo lo contrario, esta carta está llena de respeto, y de agradecimiento. Cómo podría yo odiarte si eres parte de mi, si eres carne de mi carne.  Si algo he aprendido estos meses ha sido aceptarte como parte de mí. Aun ahora que te digo adiós, se que tu memoria siempre quedará conmigo y que mi vida no será nunca la misma, después de haberte tenido dentro.

Yo no te esperaba. Estaba demasiado ocupada con mi vida, con mi felicidad. Llegaste sin ser invitado, en el momento más inoportuno, y te metiste dentro, muy cerca de mi corazón, escondido bajo mi seno izquierdo. Allí te instalaste calladamente,  mientras yo estaba distraída, primero con la otra vida que crecía dentro de mi vientre, y luego completamente sumergida en la dicha enorme de amar a un hijo.  Y tú silenciosamente crecías y crecías, alimentándote de mi ignorancia. Qué extraño me resulta pensar ahora que al mismo tiempo mi cuerpo albergaba y alimentaba a la vida y a la muerte, al amor máximo y al enemigo mayor.

El primer recuerdo que tengo de ti, es el de un fuego que me quemaba el pecho. No el fuego apasionado del amor, ni ese que te sube por el rostro cuando te sonrojas. Este fuego era doloroso, como si me pusieran alcohol en una herida abierta. Una urgencia que impulsa a soplar para aliviarla. Ya en ese momento intuía que algo vivía bajo mi piel, pero yo me negaba a verte y te llamaba por otros nombres para pretender que no existías.

Pero como siempre, llegó el momento de enfrentar lo inevitable, y en una sala helada, te vi por primera vez claramente. No tuvimos tiempo de conocernos, de ser amigos primero, hubo urgencia de mirarte a los ojos y de escuchar tu nombre de los labios de otra mujer, que entendió mis lágrimas sin preguntar nada. Cáncer. Luego vinieron muchas noches de insomnio, pensándote, esperando saber tu apellido, tratando de imaginar la vida (o la muerte) contigo, preguntándome de donde habías venido, revisitando una y otra vez el futuro y el pasado, pero sobre todo llorando, calladita para no despertar al que dormía a mi lado. ¿Cómo explicarle a él mi miedo, cuando cada noche me besaba y me decía que todo iba a estar bien?  ¿Cómo decirle que esto era entre tú y yo, y que él no podía entrometerse? Ese hombre que me ha amado como nadie, y que hasta estuvo dispuesto a aceptarte durmiendo entre nosotros. No podía hacerle eso a él. Por eso durante el día me esforzaba intentando que todo siguiera igual, no me sentía enferma ni me dolías y hasta a ratos parecía que no existieras, que te hubiera soñado. Pero, de repente me asaltaba tu certeza en la sonrisa de mis hijos, o en unos planes para el futuro, en una frase inocente que alguien decía, o en un comercial de televisión. Todo parecía haber perdido importancia, solo tenía pensamientos para ti. Intentaba en vano mantenerte lejos de mi mente, porque sentía que pensarte te daba poder sobre mí. Quería ignorarte, pero aparecías por todos lados.

Vinieron salas frías, esperas interminables, decisiones que no quería tomar. Hablaba de mi futuro y el de mi familia con médicos que no conocía, que hablaban acerca de ti como si te conocieran a pesar de que no te habían tenido nunca tan cerca como yo. Y fui añadiendo a mi diccionario palabras que no conocía, nombres de medicinas, de médicos. Las salas de espera se convirtieron en mi casa y ahí tú y yo estábamos a solas, mirándonos a los ojos, tomándonos las manos como adolescentes. Abrí mis venas y mi cuerpo para poder llegar a ti. Agujas, tubos, botellas, jeringas, sangre, fluidos entrando y saliendo. Recuerdo como me irritaban las conversaciones de otros pacientes, las recomendaciones y comentarios interminables de la gente: agua de coco, sopa de miso, tomate de árbol, el libro de Eva, deja los lácteos, no uses anti-transpirante, mi hermana se curó de eso, fulanita se murió de aquello. Nada me importaba…éramos tu y yo encerrados en nuestra batalla, y el miedo, y el cansancio.

Me arrebataste los pequeños y grandes placeres de la vida. El olor del café de las mañanas, una buena comida, un libro agradable, el calor del sol sobre la piel, una película, jugar con mis hijos, una copa de vino, el intimo abrazo de mi esposo. Todo desapareció, solo me consolaba dormir. Me miraba al espejo por las mañanas buscando en mis ojos la vida, la alegría, la fuerza para seguir adelante. Mi rutina se convirtió en un ir y venir de medicinas en inyecciones. Cuando me preguntaban que me apetecía, decía invariablemente nada. Eso era lo que me quedaba, nada. Solo la inercia de levantarme cada mañana, el tetero de los niños, llevarlos al colegio, hacer las tareas. Una seguidilla de obligaciones y citas a las que atender. Solo el amor infinito de mis tres hombres me mantenía andando cada día, y aún a ellos tuve que decirles que no, que no, que no, tantas veces. Alguien me dijo que este era el momento de ponerme primero yo. La realidad es que eras siempre tú el que estabas primero.

Me salvó el amor. Recuerdo verme reflejada en los ojos de mis hijos, y pensar en lo que sería su vida sin mí. En ese preciso instante decidí que no, que eso no iba a pasar, que era hora de decirte adiós. Y entonces algo se rompió entre nosotros, y comencé a verte distinto. Tuve la certeza de que estabas allí por mí, y nadie podía sacarte si no era yo. Comencé a buscar dentro de mí la fortaleza para despedirme. Cada noche te miraba a los ojos y te decía que ya, que la lección estaba aprendida, que yo te había creado y ahora tenías que irte. Mientras se me llenaba el cuerpo con veneno tumbada en un sofá, te iba viendo alejarte. Tu poder sobre mi iba disminuyendo cada día, a pesar de lo débil que me sentía, a pesar de los glóbulos blancos por el piso, a pesar de las náuseas, sabía que yo tenía en mi la fuerza para dejarte ir. Me veía al espejo y me decía que a pesar de estar calva, sin cejas, ni pestañas, con los labios pálidos, era hermosa y valiente, y que me amaba más a mí que a ti, y que uno de los dos tenía que irse, y no iba a ser yo.

Y así fue, poco a poco fuiste alejándote, haciéndote mas y mas pequeño. Te arranqué de mi pecho con lo que quedaba de él,  y asumí mi cicatriz con el orgullo con que se presume una marca de guerra. Y luego vino una cita diaria con un rayo invisible que te terminó de desvanecer. En mi mente, esa era una espada que yo empuñaba y con la que te atravesaba el pecho. Allí, recostada y enfrentada con una fría máquina, vestida con una bata de papel y con el pecho pintarrajeado con tinta negra, terminé de despedirme de ti, para siempre. Y entre lágrimas te di las gracias por todo, y volví a mi vida. A recuperar poco a poco lo que te llevaste.

Ahora que finalmente te has ido, queda tu memoria, tu recuerdo, tus huellas. Estoy consciente de que hay que pasar la página, pero no puedo hacerlo sin agradecerte todo lo que me has dado. Todo lo que me quitaste me lo has devuelto poco a poco, y ahora esas pequeñas cosas son tesoros grandes para mí. Nunca sentí tan delicioso el aroma del café en la mañana, ni disfruté tanto leyendo de un solo tiro un libro. Nunca antes me reí como me río ahora. Ya no pierdo mi tiempo en rencores inútiles, en miedos absurdos. El sol del Caribe me acaricia y tengo amor en mi vida. No necesito más. Tú cambiaste mi vida para siempre, para bien. Gracias a ti llevo una sonrisa en los labios cada día. Me has hecho feliz de una manera que solo yo entiendo. Me siento bendecida de haberte conocido y de haberte tenido tan cerca.

Ahora vete, eres libre. Yo soy libre, verdaderamente libre.
Me parecen destacables varios elementos que presenta Susana en esta bella carta:
  1. el valor y la decisión de superar la enfermedad: Cada noche te miraba a los ojos  y te decía que ya, que la lección estaba aprendida, que yo te había creado y ahora tenías que irte...
  2. el perdón: no sólo al propio tumor, pues afirma ya no pierdo mi tiempo en rencores inútiles, en miedos absurdos...
  3. la confianza: en sí misma y en sus capacidades para sanar: sabía que yo tenía en mi la fuerza para dejarte ir...
  4. el amor: Me salvó el amor. Recuerdo verme reflejada en los ojos de mis hijos, y pensar en lo que sería su vida sin mí...
  5. la revalorización de las pequeñas cosas: nunca sentí tan delicioso el aroma del café en la mañana, [...] Nunca antes me reí como me río ahora...
  6. la visualización (uso de esta importante herramienta que propone la Psiconeuroinmunología) : Y luego vino una cita diaria con un rayo invisible que te terminó de desvanecer. En mi mente, esa era una espada que yo empuñaba y con la que te atravesaba el pecho...
En resumen, Susana, consciente de que su propio cuerpo había creado ese tumor, decidió activar todas sus capacidades para acabar con él, a la vez que fue capaz de perdonarlo y, más aún, de agradecerle cuánto le dejó como aprendizaje para vivir más plenamente: mensaje muy inspirador para cualquier enfermo, además de bellamente escrito.